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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 941

—Mi reina, no tiene caso que pelees conmigo. Yo no soy tu enemigo, tus verdaderos enemigos son ellos.

Camila se zafó de su agarre de un tirón y esbozó una sonrisa cargada de sarcasmo.

—Tú te mueres de ganas por saber de quién es el bebé que espera Nanette, ¿verdad? ¿Qué tal si te lo digo ahora mismo?

Galileo se quedó de una pieza.

—¿Hablas en serio?

Camila encendió un cigarrillo, le dio una calada profunda y, frunciendo sus labios rojos, sopló el humo directo a la cara de Galileo.

—Era broma.

Galileo estalló en furia.

—¡Tú...!

—¿Y bien? ¿Se siente horrible, verdad? —dijo Camila—. Tener la respuesta frente a tus narices y no poder conseguirla... Seguro que te mueres de la desesperación, ¿o me equivoco?

Galileo, hirviendo de coraje, dio media vuelta y se marchó.

***

Venancio había ido al bar buscando a alguien.

No encontró a la persona que buscaba, pero en su lugar se topó de frente con Camila, que iba saliendo de la zona de los reservados.

Al volver a encontrarse, entre ambos solo quedaba un abismo de frialdad y rechazo.

Camila, tambaleándose un poco por los efectos del alcohol, se apoyó contra la pared.

—Cuánto tiempo sin verte.

Venancio frunció el ceño al notar que estaba ebria. Sin pronunciar una sola palabra, intentó pasar de largo.

Esa actitud fue como una apuñalada para Camila, quien, presa de la histeria, le arrojó el bolso con todas sus fuerzas.

Venancio no logró esquivarlo a tiempo y recibió el impacto directo en el hombro.

Su rostro se oscureció de inmediato. Se giró lentamente, apretando los puños, haciendo un esfuerzo sobrehumano para reprimir las ganas de devolverle el golpe.

—No te creas que por ser mujer no te voy a tocar. ¡No colmes mi paciencia, Mancilla!

«Mancilla».

Je.

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