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No Ruegues, No Sirve romance Capítulo 108

Él respondió en un tono indescifrable:

—Sí. Me hierve la sangre.

—¿Entonces por qué no vas a recuperarla? —reclamó Santiago, visiblemente confundido—. Eres implacable en los negocios, ¿y resulta que eres un cobarde en el amor?

Realmente no podía entender qué pasaba por la cabeza de su amigo.

—¿Vas a seguir escondido como un cobarde o qué?

Era evidente que se estaba muriendo de celos, pero ni siquiera amagaba con hacer algo al respecto.

—No me digas que lo que te detiene es tu orgullo... —aventuró.

German guardó silencio. Se recargó en la silla, con los ojos llenos de sombras.

Al ver su reacción, Santiago supo que había dado en el clavo.

—Hermano, ¿de verdad te importa el orgullo en este momento? —soltó una risa amarga y desesperada—. El enemigo ya está a punto de conquistar la fortaleza y tú aquí midiendo tu ego. ¿Están en su periodo de reflexión y tú de verdad te pones a reflexionar? ¿No te da miedo que de tanto reflexionar se te escape para siempre?

Por Dios, a Santiago le estaban explotando las neuronas ante semejante actitud.

Es como si yo fuera el que se está ahogando y él estuviera tomando el sol.

Él estaba a punto de volverse loco de desesperación, pero el protagonista del drama permanecía impávido.

Sentía la boca seca de tanto reclamar, y el otro ni se inmutaba.

Respiró profundo y trató de calmarse.

—Sigue haciéndote el duro —bufó—. Ya quiero verte llorando cuando la pierdas.

—¿De qué están hablando?

Una suave y dulce voz sonó a sus espaldas. Santiago se irguió de inmediato y respondió con evidente incomodidad:

—Ah... decíamos que la vista desde aquí es increíble.

—¿En serio?

Sofía se levantó un poco la falda y se sentó al lado de German.

—German, ¿qué estás mirando?

Al ver que no respondía, siguió la trayectoria de su mirada hasta encontrarse con la figura vestida de negro.

Julia.

La sonrisa se congeló en su rostro.

«¿Por qué tiene que estar aquí?», pensó.

—German, ¿de verdad no vas a bajar a saludar a la señorita Silva? —preguntó ella con una voz empalagosa, que hizo que a Santiago se le pusiera la piel de gallina.

Capítulo 108 1

Capítulo 108 2

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