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No Ruegues, No Sirve romance Capítulo 115

Al voltear, Sofía se encontró con German, quien la observaba con una mirada escrutadora.

—Ah... eh, era mi papá.

Tartamudeó ligeramente.

—Me preguntaba si el viaje estaba yendo bien.

Al notar cómo esquivaba su mirada, German dio medio paso hacia adelante. Su imponente presencia casi le robaba el oxígeno a la mujer.

Bajó la voz, arrastrando las palabras:

—¿Solo eso?

Acorralada contra la pared y consumida por la culpa, Sofía no se atrevía a sostenerle la mirada. Esos ojos oscuros y penetrantes parecían leerle el alma.

—Sí... también me dijo que cuidara mucho de ti.

Viendo su nerviosismo, German no presionó más.

—Por cierto, German... —parpadeó rápido, cambiando el tono a uno más dulce y cauteloso—. ¿Aún tienes cosas que hacer esta noche?

—¿Por qué la pregunta?

—Solo curiosidad. Pensaba que, si estabas libre, podríamos salir a la cubierta, tomar un poco de aire y platicar.

Él no dejó de analizar cada una de sus microexpresiones. El frotar nervioso de sus manos, su mirada evasiva.

Tras unos segundos de pesado silencio, respondió:

—No. Tengo que reunirme con un cliente más tarde. Si quieres tomar aire, busca a tus amigos.

«Reunirse con un cliente.»

Esa frase hizo que algo se encendiera en los ojos de Sofía.

Tal vez dándose cuenta de que había dejado asomar demasiada emoción, frunció los labios y fingió decepción.

—Ya veo. Bueno, entonces ve a ocuparte de lo tuyo, yo iré a caminar sola.

Al levantar la vista, pareció notar algo y un brillo astuto cruzó su mirada.

—Espera, German.

—¿Qué pasa?

Antes de que él pudiera reaccionar, Sofía se puso de puntillas, apoyó una mano en su brazo y llevó la otra hacia su cabello.

German la miró, desconcertado.

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