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No Ruegues, No Sirve romance Capítulo 8

Esa mirada parecía exigir: «¿No me vas a dar una explicación?».

Julia se quedó paralizada. La mano del hombre a su lado seguía aferrada a su muñeca.

El ambiente en el pasillo se volvió tan denso que Cristián sentía que le faltaba el oxígeno y, con suma discreción, retrocedió y se escondió dentro del salón.

Adrián paseó su mirada entre los dos, y tras un breve silencio, soltó una carcajada.

—Qué coincidencia, señor Zamora.

German ni siquiera lo miró. Sus ojos seguían fijos en Julia, con una media sonrisa siniestra y una voz que destilaba hielo.

—Ven aquí.

Las palabras salieron de entre sus dientes.

Adrián soltó la mano de Julia. Ella apenas iba a respirar cuando su corazón se volvió a disparar.

Adrián caminó con total tranquilidad hacia German y dijo con soltura:

—Tanto tiempo sin verlo, señor Zamora.

Fue entonces cuando German apartó la vista de Julia y evaluó al hombre que tenía enfrente, de su misma estatura.

Lo reconoció al instante.

Era Adrián Silva, del Grupo Ruvira.

Ese magnate que apareció de la nada en el mercado extranjero hace tres años, con un pasado misterioso y tácticas agresivas.

German lo había topado en un foro de negocios, y recordaba perfectamente que Adrián tenía esa misma actitud arrogante cuando, al pasar a su lado, le murmuró sin contexto: «Nos volveremos a ver».

En ese entonces, Adrián era solo un director regional. No esperaba que en apenas tres años se convirtiera en el presidente del Grupo Ruvira.

Claramente, era un hombre calculador y peligroso.

Y, sobre todo, no esperaba que ese tipo estuviera agarrándole la mano a su esposa.

—¿Señor Silva? —German metió las manos a los bolsillos, mirándolo con frialdad—. No creo que sea adecuado que se tome la molestia de acompañar a mi esposa.

—¿Su esposa? —Adrián saboreó la palabra, formando una sonrisa en sus labios—. Hasta donde yo sé, Julia ya envió el acuerdo de divorcio a su oficina.

¿Acuerdo de divorcio?

—Mi relación con Julia no es tan simple como usted cree, señor Zamora.

Una provocación.

Una provocación directa y descarada.

La sonrisa irónica desapareció del rostro de German. Estaba tan cegado por la furia que malinterpretó la mirada de confusión de Julia hacia Adrián, pensando que había complicidad entre ellos.

—¿Su relación? —German puso una mano pesada sobre el hombro de Adrián, lanzándole una mirada capaz de perforar el acero—. Nosotros nos retiramos. Que tenga buena noche, señor Silva.

Sin esperar respuesta, tomó bruscamente a Julia por el brazo.

Cuando ella intentó zafarse, la voz furiosa del hombre resonó en su oído:

—Ni se te ocurra mirar atrás.

Una vez que ambos desaparecieron al final del pasillo, la sonrisa de Adrián se desvaneció por completo. Empezó a girar lentamente el anillo de su dedo índice y murmuró:

—Tanto tiempo sin verte... German Zamora.

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