Después de cenar en la villa, el matrimonio Dávila anunció su partida.
—Suegro, suegra, ya le pedí al personal que preparara una casa de huéspedes. Pueden considerar esta villa como su propio hogar —ofreció Máximo.
Lo que menos le faltaba a la familia Corbalán eran casas.
¿Cómo iba Máximo a permitir que los padres de Nina se quedaran en un hotel?
Pero la actitud de Andrés fue firme e innegable.
—Tengo propiedades en Puerto Neón.
Lo que quiso decir fue: «Si tengo mi propia casa, ¿por qué habría de quedarme en la de otro?».
Máximo no se sorprendió, pero Nina no pudo quedarse callada.
—Papá, ¿cómo es que no sabía que tenías casa en Puerto Neón?
Tenía la impresión de que sus padres venían poco a la ciudad.
La última vez que su hermano vino a Puerto Neón, se hospedó en el Hotel Grand Majestic.
Andrés miró a Nina como si estuviera viendo a una tonta.
—Hay muchas cosas que no sabes.
Nina se indignó.
—¿Yo te trato como a un padre y tú me tratas como a una carga?
—Sabías que venía a estudiar a Puerto Neón y no fuiste capaz de decirme dónde tenías casa aquí. Deberíamos hacernos una prueba de ADN cuando tengas tiempo.
Ver a Nina haciendo berrinche frente a un «joven» que parecía un par de años menor que ella le resultó a Máximo una escena bastante surrealista.
Andrés recitó una dirección con el rostro inexpresivo, y Nina se quedó pasmada.
—¿Qué significa eso?
Máximo contuvo la risa para explicarle a su esposa:
—El lugar que dijo mi suegro está a una hora y media en coche de la Academia Omega.
Nina se quedó sin palabras.
¿O sea que su papá no le dijo dónde estaba la casa para evitarle la fatiga del viaje?
Jimena ya estaba acostumbrada a esa dinámica entre padre e hija, donde el padre no actuaba como tal y la hija tampoco.
—Entonces vamos a visitarlos mañana.
Ya que sus padres estaban en Puerto Neón, quería aprovechar para estar más tiempo con ellos.
Máximo tuvo ganas de decirle que, mientras ella se moría de ganas por verlos, su papá probablemente ya la consideraba una molestia.
Pero lo pensó mejor y decidió no decir nada para no arruinarle el ánimo a su esposa.
A medida que se acercaba la fecha del banquete, Máximo ordenó a Ramiro enviar todas las invitaciones.
Era la gran boda del líder de la familia Corbalán; amigos cercanos y conocidos debían asistir ese día para celebrar.
Durante ese tiempo, Jimena y Frida se reunieron varias veces para platicar.
Eran buenas amigas desde la escuela.
Años después, se habían convertido en consuegras, reforzando aún más su lazo.
Mientras la familia Corbalán preparaba la boda a todo vapor, una noticia explosiva llegó a oídos de Nina.
El Grupo Benítez y el Grupo Villalobos anunciaron conjuntamente su unión matrimonial.

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