—Señora Corbalán, ese comportamiento de su hijo, ¿no molestó a la familia de la novia?
—De cualquier forma, en la familia Villalobos, algo así sería absolutamente intolerable.
—El término «matrimonio secreto» suena moderno, pero en realidad es un insulto para la mujer. Después de todo, no cualquiera acepta casarse sin tener un estatus oficial.
—Afortunadamente tuve visión en su momento y evité que mi hija siguiera por el camino equivocado.
La implicación era clara: haber impedido la relación entre Nancy y Máximo fue la decisión correcta.
Frida entendió perfectamente el subtexto.
Que su marido y su hijo la protegieran bien no significaba que fuera tonta o fácil de intimidar.
—Señora Villalobos, supongo que tuvo que tragarse su orgullo para decir todo eso.
Frida se lavaba las manos con calma en el lavabo, con una sonrisa de suficiencia en los labios.
—Mi hijo me contó hace unos días que su hija, con tal de casarse con él, estaba dispuesta a ofrecer el cinco por ciento de las acciones totales del Grupo Villalobos, sin pedir ni un centavo de dote.
—Lo gracioso es que quien fue a negociar en nombre de su hija fue usted, Andrea.
—No ha pasado tanto tiempo, ¿cómo es que ya se le olvidó que su hija estaba dispuesta a pagar con tal de entrar en la familia Corbalán?
Frida cerró el grifo y se sacudió suavemente el agua de las manos.
—Qué lástima. Algunas se ofrecen en bandeja de plata y mi hijo ni siquiera las voltea a ver. Dígame, ¿de quién es la vergüenza?
Si quería hablar mal de su hijo a sus espaldas, primero tenía que ver si ella, como madre, lo permitía.
Al ver que el rostro de Andrea se oscurecía visiblemente, Frida echó más leña al fuego.
—Últimamente se rumorea que, antes de que naciera la señorita Villalobos, Mirko Caruso, ese famoso vidente, profetizó que sería una niña de la suerte.
—Viendo la situación actual, parece que las habilidades de Mirko no son para tanto.
—La familia Villalobos ha fracasado una y otra vez en los negocios, y varios proyectos grandes que ya tenían en la bolsa se los han repartido otras familias.
—Con algunas personas, es difícil decir si traen buena suerte o si son un imán para la desgracia.

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