El diseño de Bahía Azul era muy curioso.
Desde donde se sentaba Máximo se podía ver el tercer piso, pero Victoria, sentada frente a él, no tenía ese ángulo de visión.
Hasta que se fue, Victoria nunca supo que Nina la observaba desde arriba.
Nina bajó las escaleras y sacó una botella de agua helada del refrigerador.
—¿Por qué te dormiste tan temprano anoche? —preguntó Máximo.
Nina bebió un sorbo y lo miró con los ojos entrecerrados, sonriendo.
—Me bañé, me perfumé y esperé a cierto ingrato que nunca llegó.
Máximo se sintió atraído por esa mirada seductora.
—¿Quieres que lo compensemos ahora?
Había llegado de madrugada y, para no apestar a sangre, se había pasado una hora en la bañera. Al verla tan dormida, no quiso despertarla.
Nina lo empujó.
—Anoche no cené y ahora no me dejas desayunar. Eso es abuso.
Máximo se rio de su expresión de niña regañada.
—Te acompaño.
Mientras desayunaban, Máximo preguntó:
—¿No te da curiosidad por qué quiero comprar esa mansión de los Cárdenas?
—A ver, cuenta.
Máximo sentía ganas de compartir cosas con ella.
—Nahuel dice que esa casa tiene un diseño arquitectónico que atrae la fortuna. Puede mejorar la suerte de mi familia.
Nina mordió su sándwich.
—¿Con todo el dinero que tienen los Corbalán, necesitan más suerte?
Máximo le sirvió un vaso de leche.
—Hasta los imperios más grandes caen.
—Puedo no preocuparme por el lujo, pero debo cuidar a mi descendencia. Especialmente si es para diez generaciones.
Nina asintió.
—Tiene sentido. Pues salud por tu imperio y por tus muchos descendientes.
—Si la condición para venderte la casa fuera que te casaras con ella, ¿lo harías?
Máximo sonrió.
—Si me caso con ella, cometo bigamia.
—¿Qué importa la bigamia comparada con la suerte de diez generaciones?
Máximo fingió pensarlo seriamente.
Nina resopló.
—Ya decía yo. Así son los hombres. Por dinero, les vale la ley.
Se levantó para irse, pero Máximo la jaló hacia su regazo.
—Te lo repito: Victoria es solo una socia comercial de los Corbalán. Entre tú y yo, ella no existe.
Máximo no era de dar explicaciones, pero con Nina rompía todas sus reglas.
Y lo más extraño era que le gustaba hacerlo.
Por un instante, Nina creyó ver amor real en los ojos de Máximo.
¿Será que este hombre iba en serio?

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