Máximo le sonrió cortésmente a Alicia y luego miró a Nina, que estaba recargada en la cabecera.
—Voy al despacho a revisar unos contratos, márcame si necesitas algo.
Nina agitó la mano para indicarle que había escuchado.
Hasta que la alta y esbelta figura de Máximo desapareció de la vista, Alicia soltó un largo suspiro.
Ese hombre tenía una presencia tan imponente que sentía que el corazón le iba a estallar.
Cerró bien la puerta y fue directo a la cama de Nina.
—¿Qué pasó? ¿Él sabe que yo sé lo suyo?
—Si viniste hasta acá, tenía que darle una explicación lógica —respondió Nina.
Alicia le dio un toquecito en la frente, molesta.
—¿Y no sabes por qué vine? Pasa este escándalo enorme y tú te desapareces. Si no venía a ver con mis propios ojos, pensaría que te habías petateado.
Nina se frotó la sien.
—Ali, no olvides que soy una paciente.
Para probar que no mentía, Nina se apuntó con el termómetro en la frente y disparó.
¡Treinta y siete grados!
El parche para la fiebre estaba funcionando.
—¿Cómo te enfermaste así? —preguntó Alicia apresurada—. ¿Fue por todo el hate en internet?
Nina negó con la cabeza.
—No tiene nada que ver con eso.
Antes de que Alicia siguiera interrogando, Nina dijo:
—Antier fue su cumpleaños, y se me olvidó por completo.
Alicia se quedó con la boca abierta, sin encontrar su voz por un buen rato.
La expresión de Nina se volvió seria.
—Sospecho que el Lazo Gordiano está haciendo de las suyas. Últimamente sueño menos con él, e incluso olvidé su cumpleaños.
Nina rara vez mostraba fragilidad, pero frente a Alicia se veía tan vulnerable como una niña pequeña.
Escondió la cara en el hombro de Alicia.
—Tengo miedo. Miedo de que llegue un día en que ni siquiera recuerde su nombre.
Alicia le compartió los chismes que había escuchado por ahí:
—Dicen que Máximo es frío, cruel y que no se detiene ante nada para conseguir lo que quiere.
—Hace poco, dicen que se deshizo de un grupo de traidores durante el velorio de su padre, incluyendo a su propio hermano mayor.
—Pero tratándolo de frente, me doy cuenta de que no todos los rumores son ciertos.
Nina se quedó callada.
Era una sensación extraña escuchar a otros evaluar a su pareja.
Alicia se quedó hasta el atardecer. Máximo quiso invitarla a cenar en la villa, pero ella rechazó amablemente.
Cuando Máximo la acompañó a la puerta, Alicia le dijo:
—Nina ha estado deprimida estos días, tenle paciencia y cuida mucho sus emociones.
Alicia sabía que Nina tenía una espina clavada en el corazón: Simón, con quien el destino no le permitió estar.
En ese momento, Alicia quiso ser egoísta. Aunque sabía que Simón era la huella imborrable en el corazón de Nina, esperaba que ella pudiera salir pronto de ese círculo vicioso.
Y tenía la esperanza de que Máximo se convirtiera en la futura salvación de Nina.

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