Nina, sin embargo, puso cara de interrogación.
—¿Qué pasa con el Orbe Laberíntico?
Su mente no estaba para nada en Máximo. Sacó su teléfono y lo encendió; al instante entraron un montón de mensajes y llamadas perdidas con una cascada de notificaciones.
Abrió el primer mensaje de voz en Messenger, era de Adrián Valdés.
«Nina, ¿qué está pasando allá? Tienes el celular apagado, no contestas mensajes. ¿Te estás aprovechando de que estoy fuera y no puedo ir a ver qué pasa?»
«Ya vi las calumnias de Alma. Esa mujer está volteando todo, hay que darle una lección, yo…»
Nina no escuchó el resto del audio. Respondió de forma concisa:
[Tengo todo bajo control, no te metas, ocúpate de lo tuyo].
Luego abrió el audio de Isaac:
«Nina, el bufete está listo para iniciar la demanda contra la familia Cárdenas cuando digas».
Nina respondió con pocas palabras:
[Todavía no].
Liam y Cintia también le habían enviado mensajes. Primero preocupándose por su salud, y segundo, diciéndole que se quedara en casa descansando unos días; ya le habían justificado las faltas en la academia.
Era la primera vez que Máximo veía de cerca el círculo social de Nina.
Su mundo era mucho más complejo de lo que él sabía. Resultaba que él no era lo único en la vida de ella.
A ella tampoco le importaba en lo más mínimo qué historia hubiera tenido él con el dueño del Orbe Laberíntico.
Por un instante, Máximo sospechó que se estaba haciendo películas él solo frente a Nina.
Después de contestar los mensajes de sus amigos, Nina apagó el celular tajantemente.
Al notar que Máximo la miraba sin decir nada, decidió bromear un poco.
—Estos dos días que no estuve, ¿a poco no dormiste de maravilla tú solo?
Esta habitación era territorio privado de Máximo, y que alguien lo invadiera por necesidad no era algo que a cualquiera le agradara.

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