Máximo asintió casi imperceptiblemente.
—Es mi esposa, la cuidaré con esmero.
Durante los siguientes días, Nina se quedó obedientemente en Bahía Azul recuperándose.
Los rumores sobre ella en internet habían mutado en más de diez versiones, y en cada una, la imagen de Nina era deplorable.
Versión uno: Nina es la hija ilegítima del Grupo Cárdenas; su madre se suicidó saltando de un edificio al no lograr casarse con el padre. Veinte años después, Nina regresa con sed de venganza para destruir a los Cárdenas.
Versión dos: La madre de Nina era una fichera barata que murió enferma poco después de dar a luz. Nina se crio en el campo, y el entorno hostil forjó su carácter codicioso. Al enterarse de que su medio hermano necesitaba un riñón, aprovechó la debilidad de los Cárdenas para vengarse.
Versión tres: Nina usó su belleza descomunal para meterse en la cama de un pez gordo de Puerto Neón, consiguiendo así entrar a la Academia Omega, ya que su talentosa media hermana Victoria también estudiaba allí. En ese lapso, los Cárdenas le pidieron ayuda por la enfermedad de Ángel, y Nina exigió dos mil millones. Como no podían pagar tanto, acordaron doscientos millones. Nina tomó el dinero, los traicionó y usó a su «suggar» de Puerto Neón para marginar a Victoria.
Versión cuatro: En realidad Nina es…
—¡Ya, deja de ver eso! —Máximo le quitó el celular a Nina—. Si no me hubieras impedido intervenir, estas mentiras no estarían en ningún sitio.
Desde que enfermó, el espacio vital de Nina se había reducido a esta lujosa habitación. No es que Máximo restringiera su libertad, es que cuando a Nina le daba la flojera, no quería ni comer.
Su mayor diversión en estos días de convalecencia era buscar sus propios chismes en internet; cada uno tenía algún punto absurdo que la hacía reír.
—No me quites mi fuente de alegría.
Nina se lanzó para recuperar su celular, pero Máximo la bloqueó con una mano.
—Inventan puras falsedades, ¿te van a quemar los ojos de leer tanta basura?
Apartó las sábanas de seda y jaló suavemente a Nina.
—Ya no te quedes echada en la cama, vamos al jardín a caminar.
Nina jaló la cobija y se envolvió de nuevo.
—Hace mucho calor afuera, no quiero salir.
Máximo soltó una risa ante su comportamiento caprichoso.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No Tan Bruja