—Mejor di cuál es tu objetivo —dijo Máximo.
—Tu vida por la de mi padre —respondió Axel.
Máximo sonrió con sarcasmo.
—¡La vida de tu padre debe pagar por la de tu abuelo!
La expresión de Axel cambió.
—¿Entonces no hay trato?
—¿Qué te hace pensar que hay algo que negociar entre nosotros?
Lo que más fascinaba a Blanca era que Máximo, sin importar la situación, siempre mantenía la calma como una montaña inamovible.
Afuera decían que Máximo ocupaba su posición actual en Puerto Neón porque tenía el respaldo del misterioso «KING». Pero la realidad era que Máximo no necesitaba ayuda externa para estar en la cima.
De lo contrario, no habría permanecido tanto tiempo y con tanta firmeza en la posición de líder.
La arrogante provocación de Máximo enfureció a Axel.
Hizo una señal a sus subordinados.
—¡Atáquenlo!
Justo cuando las más de veinte personas iban a actuar, fueron interrumpidos por un estruendo de cláxones.
Al mirar atrás, vieron docenas de coches particulares rodeándolos sin que se dieran cuenta.
De los vehículos bajaron incontables guardaespaldas vestidos de negro; tanto en número como en presencia, superaban ampliamente a la gente de Axel.
Axel entró en pánico por un momento; no esperaba ese giro en los acontecimientos.
Ramiro le sonrió a través de la ventanilla.
—Tú también trabajaste bajo el mando del señor Máximo, ¿cómo olvidaste su forma de operar? Desde el día que desapareciste, el señor supo que eras uno de los culpables del asesinato del anterior líder de la familia. Esta trampa de hoy fue hecha a tu medida. ¿Por qué crees que se filtró la información de que el señor Máximo viajaría solo por esta ruta? Porque él quería que lo supieras.
Ramiro suspiró.
—Antes, el señor quería dejarte una vía de escape, pero no valoraste la oportunidad y decidiste volver buscando tu propia muerte. Llegados a este punto, no podemos hacer nada.
Dicho esto, hizo un gesto a los guardaespaldas a lo lejos.
—Ejecuten el plan original.
Subió la ventanilla y le hizo una seña a Yeray.
—Vámonos.



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