Asustada, le arrebató el teléfono a su madre. —Mamá, ¿te volviste loca? ¡Hay casi doscientos mil espectadores! ¡Cuida lo que escribes!
—Cada palabra que digas ahora será analizada con lupa. ¿Quieres ser la próxima en ser linchada en redes?
Estaba a punto de infartarse por la estupidez de su madre. ¿Cómo podía cometer un error tan básico? Realmente, ser ama de casa por tanto tiempo le había bajado el coeficiente intelectual.
Alma agarró el brazo de su hija y gritó histérica: —¿Cómo no voy a estar loca? Nina expuso el video de tu hermano golpeando a esa perra de Sofía.
—Y en el video admitió que mató a alguien más. Con este escándalo, lo del pasado ya no se podrá ocultar.
—¿Olvidaste cómo murió esa zorra de Florinda Martínez? Cuando murió, llevaba un hijo de la familia Cárdenas en el vientre.
Ese pasado era una espina en el corazón de Alma. Hace dos años, Ángel embarazó a una chica en la preparatoria. Ella le pidió que se hiciera responsable y Ángel, furioso y sin sentido de responsabilidad, la empujó desde la azotea.
El caso causó conmoción y los padres de la chica buscaron justicia. Para calmar las aguas, los Cárdenas gastaron una fortuna y contrataron a abogados famosos para convertir un homicidio en un suicidio.
Pensaron que nadie volvería a mencionarlo, pero Ángel confesó el crimen en el video.
Un brillo de resentimiento pasó por los ojos de Victoria. Aunque eran gemelos, su relación nunca fue buena. Su padre era un machista clásico que menospreciaba a las mujeres y, por ende, a su propia hija.
No importaba cuán excelente fuera ella, en el corazón de Gonzalo, ese idiota de Ángel siempre sería el primero.
Qué ironía, se llamaba Ángel, pero llevaba un demonio dentro. Si la familia Cárdenas estaba al borde del abismo mediático, era gracias a esa calamidad.


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