Las palabras directas de Nina dejaron a Sabrina, que solo quería ponerle el pie, sin saber qué contestar.
Ante las miradas escrutadoras de los demás, Nina sonrió con total tranquilidad.
—Pensé que los estudiantes de la Academia Omega tenían un coeficiente intelectual alto y criterio propio, pero ya veo que no es para tanto.
Cintia se apresuró a decir: —A mí no me metas en ese saco, yo nunca creí esos rumores.
Liam asintió. —Yo tampoco.
El hecho de que Liam defendiera a Nina hizo que a Sabrina se le revolviera el estómago del coraje.
La chica a su lado le dio un codazo. —Sabrina, mira allá.
Estaban en un privado, pero como aún no servían toda la comida, la puerta estaba abierta y se veía hacia afuera.
Siguiendo el dedo de su amiga, Sabrina vio un rostro conocido.
—¿Máximo?
Máximo, que había llegado a cenar con unos amigos, volteó.
Lo primero que captó su atención no fue Sabrina llamándolo, sino Nina, cuya belleza resaltaba entre la multitud.
Murmuró algo a sus acompañantes y entró al privado.
La llegada de Máximo hizo que el ambiente festivo se apagara de golpe.
Por edad, Máximo era solo unos años mayor que Sabrina.
Pero por jerarquía, no solo estaba un escalón arriba, sino que era el actual Jefe de la familia Corbalán.
Máximo barrió la habitación con la mirada y preguntó: —¿Vienen a cenar?
Sabrina asintió emocionada. —Sí, Máximo. Es el primer día de clases y propusimos hacer una reunión.
Máximo era el séptimo hijo de la familia Corbalán. Sus seis hermanos mayores eran hijos de Samuel Corbalán con sus amantes.
Samuel había decretado que los mantendría hasta los dieciocho años, pero después de eso, la familia Corbalán se lavaba las manos.
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