Fernando argumentó:
—No sé si La Parca existe, pero Klea es real. ¿Conocen a Adrián Valdés?
Máximo alzó la vista.
—¿Ese adivino excéntrico del mundo del ocultismo?
La relación simbiótica entre la alta sociedad y los adivinos o numerólogos era una ley inmutable desde hacía siglos.
Nahuel, con más de cien años, había sido el numerólogo de cabecera de Samuel.
La adivinación tenía muchas ramas y Nahuel, por su avanzada edad, ya pensaba en retirarse.
Adrián era una estrella emergente. Aunque joven, su estatus en Puerto Neón no era poca cosa.
Fernando continuó:
—En su momento, Klea fundó Kortex por puro capricho, y su principal negocio era resolver problemas ajenos a cambio de pago.
»Adrián fue el primer cliente de Klea. Si lo contactamos, ¿no podríamos obtener noticias de Klea indirectamente?
La sugerencia de Fernando le dio una esperanza a Máximo.
Con tal de encontrar a La Parca, no le importaba dar rodeos.
—Fer, ¿puedes contactar a Adrián?
Fernando le dio una palmada en el hombro a Máximo.
—Busca un hueco en tu agenda y yo armo la reunión.
La fiesta aún no terminaba cuando Máximo buscó una excusa para irse temprano.
Checó la hora: eran las diez y media de la noche.
Al salir, descubrió que caía un aguacero, acompañado de truenos y relámpagos ocasionales.
Detrás de él iba su guardaespaldas personal, Yeray.
Yeray abrió un paraguas grande y escoltó a Máximo hasta la camioneta ejecutiva.
No muy lejos, se escuchó un suave llamado:
—Máximo.
—Gracias, Máximo.
Victoria tomó los pañuelos emocionada. Sus dedos rozaron la piel de él por accidente y sus orejas se pusieron rojas al instante.
Trató de disimular su nerviosismo y se acercó inconscientemente hacia Máximo.
Cuánto deseaba que el coche tuviera algún problema en el camino para poder caer "accidentalmente" en sus brazos.
Pero Yeray no le dio esa oportunidad. Aunque llovía a cántaros, su conducción era impecable y estable.
Victoria preguntó en voz baja:
—Máximo, ¿tuviste una reunión en el Monarca 1908 esta noche?
Máximo soltó un indiferente «hm».
El rostro de Nina apareció en su mente. A esta hora, ya debería estar dormida.
Le costaba aceptar que una intrusa invadiera su espacio privado, pero en el fondo sentía curiosidad por el futuro.
Victoria no sabía qué pensaba él. Al ver que solo respondía con monosílabos, el ambiente en el auto se volvió extraño.

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