Si Ramiro hubiera estado al volante, quizá habría sacado algún tema para aligerar el ambiente.
Comparado con el carismático Ramiro, Yeray, que solo tenía fuerza bruta, era socialmente muy inmaduro a pesar de ser guapo.
Victoria intentó varias veces acercarse a Máximo con charla, pero fracasó en todas.
Cuando llegaron a la mansión de los Cárdenas, la lluvia casi había cesado.
Victoria bajó del auto a regañadientes.
—Máximo, gracias por traerme a casa.
Máximo solo dijo «descansa» y le ordenó a Yeray que avanzara.
Llegaron a Bahía Azul cerca de la medianoche.
Máximo abrió la puerta doble de la recámara principal en el tercer piso y la sangre se le subió a la cabeza con lo que vio.
Nina, de figura esbelta, yacía en la cama *king size* cubierta de satén. Llevaba su habitual camisón de seda negra con tirantes.
Por su mala postura al dormir, el camisón se le había subido hasta la cintura, dejando sus piernas largas totalmente a la vista.
Lucifer, una serpiente azul de casi dos metros, se enroscaba como una enredadera alrededor del cuerpo de Nina.
Máximo imaginó una escena de cuento: un hada de cabello largo atrapada por una serpiente malvada en el bosque, esperando ser rescatada por el príncipe.
Ese impacto visual de "la bella y la bestia" provocó una agitación en el pecho de Máximo.
Tras la sorpresa inicial, reaccionó tarde: ¿Acaso Nina se había muerto del susto por culpa de Lucifer?
Sí, no envenenada, sino muerta de miedo.
Lucifer no era venenosa. Aunque tenía un color increíblemente hermoso, no dejaba de ser una serpiente de casi dos metros.
Tenía mal carácter y le gustaba asustar a la gente; hasta Ramiro y Yeray la evitaban cuando la veían.
Preocupado, Máximo caminó rápido hacia la cama.
Al notar algo extraño en la habitación, Nina abrió los ojos alerta y se topó con la mirada preocupada de Máximo.
Al ver que estaba viva, Máximo suspiró aliviado.
Si no lo hubiera visto con sus propios ojos, Máximo jamás creería que su mascota, a veces altiva y a veces gruñona, tuviera un lado tan tierno.
Nina bostezó levemente y se limpió una lágrima provocada por el bostezo.
—Regresando a estas horas de andar de vago... veo que la vida privada del señor Corbalán es muy activa.
Máximo arqueó una ceja.
—¿Tan rápido usas tu estatus de "señora Corbalán" para checarme los horarios?
Nina bostezó otra vez.
—¿Interrumpir el sueño ajeno te da derecho a ser tan arrogante? No todos tienen buen despertar.
—Esta es mi habitación.
Nina le lanzó una mirada de fastidio.
—Si hubiera encontrado otra cama en esta mansión, ¿crees que estaría durmiendo aquí?

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