Máximo no le dijo a Nina que había puesto a Dylan como camote por teléfono. Nina había ido a la fiesta de Mauro en representación del Laboratorio Génesis; si le pasaba algo, el laboratorio debía asumir toda la responsabilidad.
La razón del enojo de Máximo era simple: Nina solo tenía un contrato de siete días con ellos. Entregar regalos no era parte de su trabajo, a menos que todos los demás empleados hubieran muerto. Aunque Mauro fue quien salió perdiendo, para Máximo, el simple hecho de que hubiera tenido malas intenciones con Nina lo hacía merecedor de la muerte.
Al recuperar la conciencia, Nina recordó lo sucedido antes de quedarse dormida.
—¿Y Mauro? —preguntó de repente.
—Lo enviaron al manicomio —dijo Máximo con calma.
Por un momento, Nina dudó de su audición. Se sentó de golpe en la cama.
—¿A dónde dices que lo enviaron?
A Máximo le preocupó que se levantara tan bruscamente. Aunque sus ojos ya no estaban rojos, seguía pálida.
—Nina, creo que necesitas desayunar. Le pediré a Irene que te traiga algo.
Nina le agarró la manga.
—Termina de contarme. ¿Por qué enviaron a Mauro al manicomio?
Máximo suspiró.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No Tan Bruja