Aunque sabía que Catalina solo estaba poniendo excusas para darle largas, Victoria no expuso su pequeño juego en ese momento.
Lo que más le inquietaba ahora era la relación entre Catalina y Máximo.
—¿Qué intenciones tienes realmente con Máximo?
A estas alturas, a Catalina le daba flojera inventar pretextos.
—Él es el hombre que voy a conseguir, sin importar el precio que tenga que pagar.
Como mujer de una etnia lejana, cuando se enamoraba, era para toda la vida.
Aunque al final no pudiera tenerlo, estaba dispuesta a arrastrarlo con ella al infierno.
Victoria le recordó: —No olvides que Máximo tiene a Nina a su lado.
Al pensar en Nina, el rostro de Catalina se llenó de un rencor y veneno imposibles de ocultar.
—Tarde o temprano, voy a acabar con ella.
Victoria no soportaba a Catalina.
Pero al escuchar que quería matar a Nina, sintió un placer inmenso.
Si pudiera usar las manos de Catalina para deshacerse de Nina, sería perfecto.
—Ya que tenemos el mismo objetivo, podemos reconsiderar nuestra cooperación.
—Catalina, ahora estamos en el mismo barco; cuando lo necesites, seré tu respaldo.
¿Su respaldo?
Con que no fuera un estorbo ya era ganancia.
Aunque sabía que Victoria no tramaba nada bueno, Catalina aceptó con una sonrisa.
Victoria sabía que Catalina nunca había confiado en ella, al igual que ella nunca había confiado en Catalina.
Pero eso no importaba.
Tenía demasiados problemas encima ahora mismo.
En lugar de buscarse más enemigos, era mejor tener un aliado más.
Aunque su alianza con Catalina fuera más falsa que un billete de tres pesos.
Mientras pudiera deshacerse de Nina, Catalina seguía siendo una pieza útil.
Poco después de salir del departamento de Catalina, el teléfono de Victoria sonó.

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