Ramiro, al ser señalado por su soltería, sintió que recibía un golpe crítico de diez mil puntos.
—Señor Máximo, al menos hablé bien de usted frente a la señorita Villagrán; si no hay mérito, al menos valore el esfuerzo. Atacar así mi frágil corazón no es muy humanitario, ¿verdad?
Máximo miró a Ramiro con profundidad.
—Has cambiado.
—¡Injusticia! —exclamó Ramiro—. Mi lealtad hacia el señor Máximo es tan clara como el sol y la luna.
—Ramiro, te has vuelto más parlanchín que antes.
Solo entonces Ramiro se dio cuenta de que, sin notarlo, su comunicación con el señor Máximo se había vuelto más casual.
—Señor Máximo, el que cambió no fui yo, fue usted.
El Máximo de antes separaba claramente lo público de lo privado. No permitía que nadie se pasara de la raya, ni él mismo perdía la compostura. No sabía desde cuándo, pero la personalidad de Máximo había ido cambiando gradualmente. Ya no ponía las reglas por encima de todo, ni trataba a la gente con esa arrogancia distante. Para Ramiro, el actual señor Máximo parecía más humano.
Y precisamente porque aquel hombre que parecía un dios comenzó a poner los pies en la tierra, Ramiro cambió su forma de interactuar de manera subconsciente.
El origen de todo eso era Nina.
Máximo no gastó saliva en ese tema.
—Si vienes a reportar trabajo a esta hora, más vale que el asunto sea realmente importante.
Lo que implicaba: *Interrumpiste mi tiempo de calidad con mi esposa*.
Estaba prácticamente seguro de que esos infiltrados los había metido Nancy. El objetivo era vigilar cada uno de sus movimientos. Desafortunadamente para Nancy, pasó por alto un detalle: Grupo Orca era solo una de las muchas empresas bajo el nombre de Máximo, y la única que operaba abiertamente. Poner espías en Grupo Orca no servía de mucho, esos supuestos infiltrados no podían obtener ninguna información útil, ya que él iba a la empresa muy pocas veces. Y cuando iba, solo trataba con unos cuantos altos ejecutivos de confianza. Para un empleado común, verle la cara era más difícil que subir al cielo.
Los espías que Alejandro delató estaban en mandos medios o perdidos en la base. Básicamente, Nancy estaba manteniendo un grupo de piezas inútiles.
En los ojos de Ramiro asomó una pizca de preocupación.
—Señor Máximo, escuché que Nancy está por regresar al país.
—¿Y a mí qué me importa si regresa o no?
—Le recuerdo que si la señorita Villagrán se entera de la existencia de Nancy, temo que pueda causar malentendidos en el futuro —advirtió Ramiro.
Por el hecho de que Nancy puso espías en Grupo Orca, no era difícil deducir que todavía tenía intenciones con el señor Máximo.

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