Victoria estaba tan celosa que echaba chispas por los ojos.
El apagón duró un minuto entero. En ese minuto, ¿qué había pasado exactamente entre Máximo y Nina?
Noelia exclamó: —Máximo, tienes el labio roto.
Máximo soltó a Nina y se limpió la sangre del labio con calma, dejando escapar un tono ambiguo.
—Estaba muy oscuro, seguro me golpeé contra la pared pelando la uva. Señorita Villagrán, ¿estoy en lo cierto?
Nina soltó una risa burlona. —Sí, todo lo que tú digas.
Su actitud parecía la de una novia caprichosa peleando con su novio.
Todos eran adultos; algunas cosas no necesitaban decirse claramente.
Sin importar lo que hubiera pasado en ese minuto de oscuridad, si Máximo no quería hablar, era mejor que nadie preguntara.
Al terminar la reunión, todos empezaron a salir de Monarca 1908.
Justo al salir de la habitación, el celular de Adrián sonó y se apartó para contestar.
Enzo tenía mala resistencia al alcohol y con una botella ya estaba borracho; Fernando y Noelia lo sostenían uno de cada lado.
Fernando se quejó: —Si no aguantas, no tomes tanto. ¿No te da vergüenza ponerte así?
—Camina derecho, tengo el brazo lastimado y no puedo hacer fuerza. Maxi, no te quedes mirando, ven a echarme una mano.
Máximo llamó a dos meseros. —Ábranle una habitación, que no se vaya a casa esta noche.
Los dos meseros tomaron a Enzo de manos de Fernando y se dirigieron al área de habitaciones junto con Noelia.
Fernando se sobó el brazo adolorido y maldijo en voz baja: —Chingada madre, me lo volví a lastimar.
Nina, que estaba enviando mensajes en su celular, se detuvo junto a Fernando. —¿Lesión vieja?
Fernando no esperaba que Nina le preguntara eso.
—Sí, tuve un accidente hace tiempo. Creí que ya había sanado, pero cada vez que hago fuerza me vuelve a doler.
Nina apretó el brazo de Fernando. —El hueso está fuera de lugar, solo hay que acomodarlo.
Lo dijo con total naturalidad, pero la fuerza que aplicó con los dedos fue sorprendentemente grande.


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