—Lo repito: si Victoria se mantiene en su lugar y no tiene malas intenciones, no le pasará nada.
—Pero en el momento en que tenga malos pensamientos, haré que el karma se le regrese.
A Máximo no le interesaba qué karma le llegaría a Victoria.
Su mente estaba llena de la escena irritante que vio la noche anterior cuando fue a recoger a Nina a Zona Cero.
—Nina, si hubiera llegado un minuto tarde anoche, ¿habrías agregado a ese barman a tu WhatsApp?
En cuestiones de amor, Máximo era absolutamente celoso.
Nadie podía codiciar a su mujer.
Y su mujer no podía fijarse en nadie más que en él.
Nina levantó la vista perezosamente hacia él, su cerebro tardó un momento en reaccionar.
—¿Qué barman?
Máximo puso cara seria a propósito para recordárselo.
—El del bar La Temporada, dijiste que tenía ojos muy bonitos.
Con el recordatorio de Máximo, Nina recuperó algunos recuerdos fragmentados.
—Ah, hablas de ese guapo llamado Ulises.
Se frotó la barbilla pensando un momento.
—Era muy guapo, y sí tenía ojos bonitos.
Eso era desafiar el límite de tolerancia de Máximo.
—Hablando con nostalgia de otro hombre frente a tu futuro marido, ¿crees que tengo demasiada paciencia?
Nina bromeó:
—¿Entonces te vas a poner de malas por una pequeñez así?
Al ver que Máximo mantenía su rostro inexpresivo y no decía nada, Nina le dio un pellizco suave en la parte más sensible de su pecho.
—Cuando una mujer sale a socializar, es inevitable tratar con todo tipo de gente.
—Es puro teatro, no es que vaya a tener algo serio con ellos.
—Como hombre, tienes que aprender a ser de mente abierta y no hacer berrinche por cualquier tontería.
—Hay que abrir la mente cuando sea necesario, así nuestro matrimonio durará mucho tiempo.
—Ándale, sonríele a tu mujer. Luego te hago una transferencia grande para que vayas de compras al centro comercial.
Máximo soltó una risa exasperada ante las palabras absurdas de Nina.

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