Victoria entró en pánico.
—¡Eso es imposible!
Abrió el video que acababa de publicarse.
Duraba poco más de un minuto, igual que el original.
Sin embargo, lo que se veía en la pantalla era completamente diferente a la escena que ella había visto docenas de veces.
En el video, Esperanza, acompañada de un grupo de personas, estaba golpeando brutalmente a una chica de aspecto lamentable en algún rincón de la Academia Omega.
La razón por la que se reconoció instantáneamente a Esperanza como la agresora fue porque la grabación era extremadamente nítida.
La cara llena de soberbia de Esperanza se mostraba con total claridad en la pantalla. Especialmente cuando levantaba su pesada mano para abofetear a la chica inocente; su expresión era grotesca y su lenguaje vulgar.
La víctima era delgada y pequeña; aunque recibía golpes, miraba a Esperanza con ojos desafiantes.
Esperanza gritaba histérica, insultándola por supuestamente seducir al chico que a ella le gustaba.
La chica explicó varias veces que ni siquiera conocía bien a ese muchacho.
Pero Esperanza seguía maldiciéndola, usando palabras insultantes como «zorra», «buscona» y «resbalosa».
La golpiza fue tan brutal que a los internautas les subió la presión solo de verla.
Antes de irse, Esperanza dejó unas palabras repugnantes:
—De ahora en adelante, donde yo, Esperanza, aparezca, no quiero ver ni tu sombra. O te parto la cara cada vez que te vea, pinche muerta de hambre. Una gata igualada como tú no merece ir a la misma academia que yo. Las becadas muertas de hambre como tú deberían irse a las alcantarillas con las de su especie.
En ese minuto y algo más, Esperanza mostró su lado más feo y cruel sin reservas.
Incluso Alma, que solo miraba para divertirse, frunció el ceño al escuchar lo que Esperanza decía.

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