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No Tan Bruja romance Capítulo 788

—Algunos que no saben nada hasta bromearon diciendo que Nancy había vuelto y me preguntaron si había posibilidad de retomar lo nuestro —continuó Máximo—. Les dije claramente que no estoy soltero, pero se hicieron los sordos. Es como si asumieran que la de apellido Villalobos y yo somos la pareja perfecta. Nina, tú tampoco quieres que a tu esposo le anden inventando chismes con gente que nada que ver, ¿verdad?

Nina se vio obligada a mirar a Máximo a los ojos. Su expresión era sincera y su mirada ardiente.

—Dijiste un montón de cosas, ¿pero cuál es el punto central?

Máximo aprovechó la oportunidad.

—Busquemos un momento adecuado y hagamos oficial que estamos casados, ¿te parece?

—¿Cuándo sería un momento adecuado? —preguntó Nina.

—¿Qué tal mañana?

—Me parece mala idea.

Al ver la decepción en el rostro de Máximo, Nina añadió:

—Espera un año más. Cuando llegue al último año de la carrera, si el problema del Nudo Gordiano ya se resolvió y no hay terceros en discordia entre nosotros, entonces lo anunciamos públicamente: somos marido y mujer legítimos.

Si estaban destinados a vivir juntos de esta manera, hacer pública la noticia de su matrimonio era algo que tarde o temprano tendrían que enfrentar. Ella les daba un año para acoplarse. Si en un año ella seguía viva y todo estaba resuelto, consideraría empezar una nueva vida con Máximo.

Aunque no obtuvo el resultado inmediato que esperaba, Máximo notó que Nina había pensado seriamente en su relación. Un año, aunque largo, también era corto. Podía esperar.

Silvia hojeó el contrato. No había cláusulas complicadas, solo unos pocos requisitos simples. Durante la colaboración, Nina les proveía alojamiento. Aparte del salario mensual de veinte mil, tenían aguinaldo a fin de año. Las tareas de Juan eran solo dos: cuidar la casa y mantenerla limpia, y cultivar las hierbas que Nina pidiera. Su radio de acción se limitaba al Ala Oeste; el Ala Este era zona prohibida. Si entraban por error, sería bajo su propio riesgo.

Para los Rivas, que eran gente sencilla, este contrato era demasiado generoso. Al ver la lista de hierbas en el contrato, Juan señaló algunos nombres.

—Señorita Villagrán, estas hierbas son muy exigentes con el clima y el suelo. El invierno llegará pronto a Puerto Neón; si necesita el producto con urgencia, habría que considerar construir un invernadero en el patio.

Nina asintió.

—Cualquier cosa que necesite, pídala. Yo cubriré todos los gastos. Además, no siempre tengo tiempo libre. Si aceptan mis condiciones, buscaré a alguien para que se encargue de coordinar con ustedes.

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