Cuando Nina regresó a Bahía Azul, ya eran las nueve y media de la noche. Para su sorpresa, Máximo no estaba en casa a esa hora.
Irene salió a recibirla y tomó su abrigo.
—El señor Máximo dijo que la llamó y no contestaba, así que me pidió que le avisara que esta noche tiene una cena de negocios y podría llegar tarde.
Nina soltó un «ah» y sacó su celular; efectivamente, se había quedado sin batería. Fue a su habitación a cargarlo y se dio un baño.
Al salir del baño, vio que Máximo ya había regresado en algún momento. Estaba sentado en el sillón individual sin decir una palabra, con las piernas cruzadas y una postura relajada. La luz tenue de la habitación iluminaba su atractivo rostro; parecía un modelo de portada de revista, bastante seductor.
Nina admiró a este hombre como si fuera una obra de arte durante unos segundos. Luego apartó la vista, se sentó frente al tocador y comenzó a secarse el cabello húmedo con una toalla.
Máximo se levantó, se acercó y la abrazó por la espalda. El aire frío que traía de afuera, mezclado con olor a tabaco y alcohol, invadió la nariz de Nina.
—¡No empieces! —protestó ella. Acababa de bañarse y olía a su jabón corporal favorito con aroma a leche; no quería que se le pegaran otros olores.
Pero Máximo no solo no la soltó, sino que la cargó en brazos y se dirigió directo a la cama. Nina luchó en sus brazos.
—Te dije que te estés quieto, todavía no se me seca el cabello.
«¿Qué le pasa a este hombre? ¿Se volvió loco?», pensó.
Máximo ignoró sus protestas, le sostuvo la nuca con la mano derecha y depositó un beso profundo en sus labios suaves como la seda. Nina se sintió débil por el beso y su cuerpo reaccionó. Cuando pensó que le arrancaría el pijama para hacer cosas indecibles, él se detuvo a tiempo.
Nina: «¿?»
Al ver la confusión en sus ojos, Máximo preguntó con una expresión maliciosa:

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No Tan Bruja