—Con mis habilidades actuales, no es posible que ella vuelva a la normalidad.
—¿Sabe que nos casamos? —preguntó Máximo.
Nina asintió.
—Aunque yo no se lo dijera, mi padre adoptivo se lo habría contado.
—¿Crees que podrías llevarme a conocerla algún día? No solo es mi suegra, también era la mejor amiga de mi madre. Creo que sería bueno que nos viéramos.
Nina, para sorpresa de él, asintió con seriedad.
—Por mí no hay problema. Pero si ella quiere verte o no, tendré que preguntárselo primero.
La disposición de Nina a presentarle a su familia hizo que Máximo suspirara aliviado en secreto.
—Por cierto, Nina, deberíamos ir al registro civil para formalizar lo nuestro y recoger el acta, lo hemos dejado pasar demasiado tiempo.
Nina soltó de la nada:
—Y ya que estemos ahí, ¿vemos si ya podemos tramitar el divorcio?
La cara de Máximo cambió instantáneamente.
—Quiero el acta para cuando hagamos oficial lo nuestro. ¿Divorcio? Ni lo sueñes.
Le había costado demasiado encontrar una esposa que le gustara tanto; si pudiera, la traería amarrada al cinturón todo el día. Y esa niña seguía pensando en el divorcio.
Nina comía con calma, sin mostrar mucho entusiasmo por lo de «hacerlo oficial». Estaba casi segura de que Nancy tenía una relación directa con la muerte de Simón. Lástima que el paradero de Nancy fuera un misterio y no se atreviera a dar la cara.
—Nina, dentro de tres días, el hijo menor de Iván se casa en el Hotel Grand Majestic.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No Tan Bruja