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No Tan Bruja romance Capítulo 860

—Con mis habilidades actuales, no es posible que ella vuelva a la normalidad.

—¿Sabe que nos casamos? —preguntó Máximo.

Nina asintió.

—Aunque yo no se lo dijera, mi padre adoptivo se lo habría contado.

—¿Crees que podrías llevarme a conocerla algún día? No solo es mi suegra, también era la mejor amiga de mi madre. Creo que sería bueno que nos viéramos.

Nina, para sorpresa de él, asintió con seriedad.

—Por mí no hay problema. Pero si ella quiere verte o no, tendré que preguntárselo primero.

La disposición de Nina a presentarle a su familia hizo que Máximo suspirara aliviado en secreto.

—Por cierto, Nina, deberíamos ir al registro civil para formalizar lo nuestro y recoger el acta, lo hemos dejado pasar demasiado tiempo.

Nina soltó de la nada:

—Y ya que estemos ahí, ¿vemos si ya podemos tramitar el divorcio?

La cara de Máximo cambió instantáneamente.

—Quiero el acta para cuando hagamos oficial lo nuestro. ¿Divorcio? Ni lo sueñes.

Le había costado demasiado encontrar una esposa que le gustara tanto; si pudiera, la traería amarrada al cinturón todo el día. Y esa niña seguía pensando en el divorcio.

Nina comía con calma, sin mostrar mucho entusiasmo por lo de «hacerlo oficial». Estaba casi segura de que Nancy tenía una relación directa con la muerte de Simón. Lástima que el paradero de Nancy fuera un misterio y no se atreviera a dar la cara.

—Nina, dentro de tres días, el hijo menor de Iván se casa en el Hotel Grand Majestic.

La cena terminó y ambos quedaron satisfechos. Antes de irse, Nina fue al baño. El guardaespaldas fue por el coche, mientras Máximo y Yeray esperaban afuera del restaurante 1908.

Mientras esperaba, Máximo recibió una llamada de Ramiro para reportar algunos asuntos de trabajo. Máximo escuchaba distraído, cuando por el rabillo del ojo captó una silueta familiar. ¿Otra vez Nancy?

Últimamente se la encontraba demasiado seguido. Su intención era evitar el contacto, pero algo lo detuvo. Esa Nancy que lo miraba desde lejos no parecía la misma de antes, la que le rogaba y lo acosaba. No... espera. Esta Nancy... esta era la Nancy de sus recuerdos, la que charlaba con él sobre cómo cuidar una serpiente.

Su semblante era sereno, su porte elegante, y en la mirada que cruzó con él había calma y seguridad. A la distancia, Nancy inclinó levemente la cabeza, le sonrió y siguió caminando con sus amigas hasta perderse de vista.

Máximo tardó un momento en reaccionar. Nina ya había salido del baño y, al notar la expresión extraña de Máximo, preguntó:

—¿Qué pasa?

Máximo ocultó perfectamente la confusión que sentía y negó con la cabeza con naturalidad.

—Nada, vámonos.

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