Capítulo 224 Chloe ya estaba en el área de administración solicitando su baja definitiva. Aunque estudiar era algo que quería, ahora que era la CEO de Empresas Borges tenía que enfocarse en el cargo; le haría caso a Dante y estudiaría en línea.
- ¿Está segura de esto, señorita Borges? - preguntó el encargado desde su escritorio.
- Sí -se limitó a responder ella.
No tenía ganas de dar explicaciones sobre su baja.
Solo quería terminar con el trámite lo más rápido posible, encarar a Julián Arango y después ir al Grupo Montenegro para poder coger con Dante en su oficina.
Una vez que terminó el trámite, caminó hacia el área de profesores. Encontró la oficina de Julián Arango y se detuvo frente a la puerta. Se giró para ver al guardaespaldas que la seguía de cerca.
- Espera aquí... -dijo ella con una leve sonrisa.
Como diga, señora - respondió el hombre con seriedad.
- Cinco minutos... -insistió Chloe- En cinco minutos debo salir.
El hombre asintió y se colocó en posición de guardia a un lado de la entrada. Chloe respiró hondo; no tenía mucho que decir, así que ese tiempo sería suficiente. Abrió la puerta sin molestarse en tocar, entró y cerró tras de sí.
Julián Arango estaba revisando su laptop en el escritorio.
- Chloe, qué sorpresa -sonrió él al levantar la mirada, recorriéndola de pies a cabeza con descaroPensé que tu esposo te había prohibido venir a la universidad. Has faltado desde ese día en la biblioteсa.
Sobre ese día - dijo Chloe, sentándose con calma en una de las sillas- fue un error.
Julián arqueó las cejas de manera divertida. Su mirada se enfocó de inmediato en los muslos de Chloe; ella, al notarlo, cruzó las piernas con mucho cuidado para no revelar nada.
- Un error muy interesante -replicó él- Que podemos repetir justo ahora mismo.
Chloe soltó una risa cargada de ironía. Se acomodó el cabello con suficiencia, manteniendo la mirada fija en él.
- ¿Crees que te abriré las piernas? -preguntó con sarcasmo- Por favor... Solo porque tu ex prometida se las abrió a Dante en el pasado, no significa que yo sea una puta barata como ella.
Julián apretó los puños sobre el escritorio, aunque no borró la sonrisa tensa de su rostro.

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