Capítulo 229 Dante observaba el parque de diversiones con el ceño fruncido. Hacía años que no pisaba un lugar así. Miró a Chloe, quien contemplaba el paisaje con un brillo en los ojos, pareciendo dispuesta a correr por todo el lugar como si fuera una niña.
- ¿Este es tu castigo? -preguntó Dante, ajustándose el saco y sintiéndose fuera de lugar.
- Me dijiste que podía elegir lo que yo quisiera - respondió ella sin quitar la vista de la montaña rusa- Y quiero esto.
Dante se pasó una mano por la nuca. No debió dejarse llevar por el momento ni permitir que ella eligiera cualquier cosa para castigarlo.
- Es ridículo -soltó pesadamente.
- Solo serán un par de horas, vamos - respondió Chloe, tomándolo del brazo y arrastrándolo hacia la entrada.
A pesar de su mal humor, Dante se dejó llevar.
Había dicho que no pondría excusas y pensaba cumplir su palabra.
¿Qué te parece primero subirnos a un par de juegos y luego comer algo? - preguntó ella mirándolo a los ojos.
- ¿Comer aquí? Venden pura basura - soltó él irritado.
Chloe frunció el ceño y lo soltó. Se puso frente a él y cruzó los brazos.
- Dijiste qué harías lo que yo quisiera, sin excusas - lo cuestionó- No quiero que estés de pésimo humor. Si es así, vete; me quedaré sola.
Dante entrecerró la mirada. Detestaba este tipo de lugares, pero sabía que debía ceder si quería verla feliz. Dio un paso hacia ella, tomó su mano y entrelazó sus dedos con los de él.
Bien -cedió-Te seguiré a donde quieras.
Caminaron hacia la zona de los juegos mecánicos.
Dante intentaba ignorar el entorno y concentrarse solo en ella.
- Será ese - señaló Chloe, apuntando a la montaña rusa más grande.
- Bien -respondió Dante.
Metió una mano al bolsillo de su saco y tocó la prenda que guardaba ahí. Sonrió con malicia al recordar que Chloe no traía bragas; al parecer, ella lo había olvidado por completo con la emoción del parque.
Al subir al juego mecánico, ambos se ajustaron los cinturones de seguridad. Chloe estaba tan emocionada que no había notado la sonrisa de Dante.
Chloe - le susurró él.
Ella se giró para verlo. Su mirada bajó hacia la mano de Dante, donde él sostenía sus bragas hechas una pequeña bola.
- Mantén esas piernas bien cerradas - sentenció con voz ronca.

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