Capitulo 230 Dante observaba a Chloe caminar delante de él a pasos rápidos. Estaba furiosa porque no le recordó que no llevaba bragas antes de subir a la montaña rusa.
- Chloe - la llamó, alcanzándola y sujetándola del brazo para detenerla- Yo también lo olvidé.
Intentó mirarla con seriedad, pero una sonrisa maliciosa lo delató.
- Jódete, Dante - soltó ella zafándose del agarreDevuélvemelas ahora mismo. Me las pondré en el baño.
Extendió la mano esperando que obedeciera, pero Dante se cruzó de brazos y negó con la cabeza.
- Dije que yo mismo te las pondría, y así va a ser - respondió con firmeza.
Chloe lo miró con incredulidad, apretando los dientes.
- Dante, no puedes entrar al baño conmigo, es un lugar familiar -soltó ella, acercándose para que nadie a su alrededor escuchara.
Él la rodeó de la cintura y la atrajo hacia sí.
- Eres una pervertida, Chloe -dijo con una sonrisa ladeada.
Chloe arqueó las cejas, confundida por el comentario.
¿Acaso quieres que te cumpla tu fantasía de coger en el baño público de aquí? -murmuró él, mientras sus manos acariciaban suavemente su cintura.
- No -dijo ella, tratando de apartarlo, pero él no se lo permitió.
- Bien, entonces te las pondré en la rueda de la fortuna - sentenció él.
Chloe suspiró. Sabía que subir a ese juego no sería solo para que él le pusiera la ropa interior. No lo haría sin antes cogerla en ese espacio estrecho mientras estaban en lo más alto.
- Dante -dijo ella haciendo un mohín- Quería que venir aquí fuera una cita diferente, divertida... sin coger.
- ¿Quién dijo que vamos a coger? -preguntó él con falso asombro.
- ¿Me prometes que no intentarás coger en la rueda de la fortuna? -preguntó ella con una inocencia genuina.
Claro, lo que tú digas -susurró Dante, tomándola de la mano.
Mientras caminaban hacia la rueda de la fortuna, Chloe vio un puesto de algodón de azúcar. Hacía tantos años que no comía uno que se olvidó por completo del motivo por el que iban a ese juego.
- Ven, vamos por un algodón de azúcar -dijo ella, desviándolo del camino.
Dante suspiró, pero se dejó llevar. Ella pidió un algodón de azúcar grande y empezó a comer con tranquilidad.
- Prueba -dijo Chloe, intentando meterle un trozo directo en la boca.
Chloe suspiró y terminó cediendo. Se sentó junto a él y Dante simplemente colocó una mano sobre su muslo, esperando a que la estructura se pusiera en movimiento.
- Dante... dijiste que... - apenas logró articular ella, sintiendo cómo la mano de él se deslizaba con decisión por debajo de su falda.
- Es cierto... -susurró Dante a su oído, sin detener el avance de sus dedos-. Pero, si no quieres, Chloe, ¿por qué estás abriendo las piernas?
Chloe soltó un jadeo. No podía controlarse; cuando se trataba de él, su cuerpo reaccionaba por puro instinto.
Dante soltó una risa ronca. Retiró su mano y se puso de rodillas frente a ella en el estrecho espacio de la cabina. Sacó las bragas del bolsillo de su saco y, con movimientos lentos, empezó a ponérselas.
Chloe lo miró con las mejillas encendidas. Sabía que él lo había hecho a propósito; la había dejado al límite solo para detenerse en el momento justo.
Una vez que termino de ponérselas, aun teniendo sus piernas separadas empezó a besar sus muslos, succionando y mordiéndolos.
- Dante... por favor - murmuró ella, echando la cabeza hacia atrás mientras los gemidos se le escapaban sin control.
¿Qué pasa, nena? - susurró él, antes de lamerle uno de los muslos con lentitud.
- Cógeme - gimió ella, perdiendo cualquier rastro de resistencia.
Dante sonrió con orgullo. Se apartó de sus piernas y se sentó a su lado, inclinándola para besarla de manera salvaje. Mientras su lengua invadía su boca, una de sus manos empezó a masajear con fuerza uno de sus tetas.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Prostituta de Lujo. Esposa de Papel
Es una novela muy buena, y lo que más me gusto es que es corta....