El regreso a la mansión Montenegro fue silencioso. Dante no tenía el interés de saber lo que paso en el despacho con Camila Borges, tampoco tenía un interés monetario porque Chloe tomará el control de la empresa Borges, pero si sabía que, si ella tomaba tal control, en un año cuando se divorciaran, ella podría valerse por sí mismo.
Al llegar, bajaron del auto sin decir una palabra. Chloe caminaba distraída, ahora aparte de su venganza contra Dante Montenegro por su infidelidad, el peso de la familia Borges caía sobre sus hombros.
- Te veré mañana – Dijo Dante sacándola de sus pensamientos.
Chloe levantó su mirada a él, si, a pesar de ser un perro infiel, él era un crack en los negocios, tal vez su ayuda podría ser necesaria para saber llevar la empresa Borges a un nivel más alto del que ya estaba. Pero ¿Dante aceptaría a tomarla como su discípula? La respuesta era simple, ella debía pagar con algo de interés al Ceo Montenegro. Su virginidad. O la que pensaba que aun conservaba su esposa Chloe Montenegro.
Una sonrisa torcida se dibujo en sus labios, su plan de venganza se uniría a su plan de hacer más poderosa la empresa Borges.
- ¿Por qué sonríes así? – Dante cruzo los brazos enarcando una ceja ante esa mirada persuasiva de su esposa.
- Tal vez mi querido esposo, pueda ayudarme con esto del control de la empresa Borges – Dio un paso a él.
Dante sonrió, ella era astuta, estaba eligiéndolo a él como su mentor en los negocios.
- ¿Qué gano a cambio? – Preguntó recorriéndola con la mirada.
- Coger conmigo – Respondió mientras con sus dedos acariciaba su torso.
Dante soltó una carcajada seca, negaba con la cabeza mientras una sonrisa ladeada aparecía en su rostro.
- Dijiste que pusiera el puto precio. Es este – Dijo ella, mirándolo a los ojos.
- ¿Coger conmigo? – repitió, colocando sus manos sobre su cintura, bajando lentamente hasta sus nalgas y dándole un posesivo apretón.
Chloe no pudo contenerse y gimió ante su posesivo agarre, sus manos subieron a los hombros de Dante, se miraban con intensa lujuria, por un momento, juraría que estaba viendo a Gala, su prostituta de fines de semana.
- Así, que ese es el “puto precio” – Repitió Dante con la voz ronca, pegando su cuerpo al de ella.
Chloe no se apartó, disfrutaba de la tensión que había provocado, si quería que él le enseñara sobre negocios, tenía que pagarle con su debilidad, sexo.

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