El hombre en la cabecera de la mesa tenía el rostro inexpresivo; nadie sabía qué estaba pensando mientras clavaba la mirada en la mujer frente al proyector.
Natalia terminó de dar su presentación y regresó a su asiento.
—¿Qué pretende la doctora Ortega? ¿Robarse el crédito?
—Nunca imaginé que la doctora Ortega fuera tan mezquina.
—¿Creen que el señor Torres acepte esto?
—La doctora Palma ha sido su amiga por años, ¿se imaginan cómo le va a doler todo esto?
—¡Silencio!
Una voz masculina, firme y profunda, resonó en la sala, apagando al instante los murmullos de desaprobación.
—Dejaremos la junta hasta aquí. Pueden retirarse. —Luca no dio un veredicto final, simplemente despidió a los asistentes.
—Natalia, ¿es realmente necesario todo esto?
Natalia estaba recogiendo sus documentos para irse cuando aquella voz se dirigió directamente hacia ella:
—¿Tienes que hundirla de esta manera?
Natalia abrazó sus carpetas y lo miró a los ojos:
—Voy a presentar el reporte formalmente ante los directores del departamento de desarrollo y la gerencia de la empresa.
—¿Y si me niego? —Cuando todos salieron, el hombre extendió la mano para cerrar la puerta de la sala de juntas. Se metió las manos a los bolsillos con evidente molestia—. Ella no solo es la viuda de mi hermano, también es familia. Natalia, te estás metiendo con la persona equivocada.
—Solo tomé la decisión que considero mejor para la empresa y para el proyecto —respondió Natalia con calma, sin apartar la mirada ante sus ojos furiosos.
—¿La mejor? —La ira brilló en los ojos de Luca, aunque hizo un esfuerzo enorme por contenerla—. Natalia, ¿te has puesto a pensar en la situación en la que está Denisa? Acaba de perder a su marido y la están obligando a irse del país. Y justo ahora, le quitas su proyecto de esta forma, sacas a relucir tus supuestas pruebas de autoría frente a todos para acorralarla. ¿De verdad lo haces por el bien de la empresa? ¿O lo haces por ti?
—¿Qué quieres que diga la gente de ti?
—¿Que aprovechaste que tu cuñada está en su peor momento para pisotearla y robarle el crédito?
—¿Que eres fría, que no tienes ni un gramo de empatía y que no tienes escrúpulos?
Luca estaba realmente furioso. Le parecía inaceptable que Natalia hubiera elegido justo ese momento para actuar así.
Se acercó y le puso las manos en los hombros. Con los dedos, le acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja, igual que siempre:
—¡Señor! —Sofía se acercó de inmediato para recibir el saco que el hombre llevaba en el brazo.
—¿Ya quiso comer algo? —preguntó Luca.
—Probó un par de bocados, pero casi nada —respondió Sofía en voz baja.
En ese preciso momento, la figura de Denisa apareció en lo alto de las escaleras.
Llevaba puesta únicamente una bata de seda bastante delgada y un suéter ligero encima.
Para ser finales de otoño, esa ropa claramente no la protegía del frío.
Su rostro estaba pálido, sin una gota de maquillaje, y tenía los ojos rojos e hinchados.
Ver a Denisa así era un contraste brutal con la imagen elegante y perfecta que siempre mostraba como la nuera de los Torres.
Parecía un animal acorralado, aterrado y sin un lugar adonde huir.
—Luca… —Su voz sonó ronca y quebrada, a punto de romperse. Acto seguido, rompió a llorar de forma desconsolada.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Quédate con tu cuñada, querido exesposo