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Quiere Mi Corazón, Me Caso con Ciego Rico romance Capítulo 118

Los ojos de Valeria se iluminaron de repente.

—¿Se puede?

—... —Alejandro soltó una risa irónica—. ¿Tú qué crees?

—Yo creo que se puede perfectamente.

Valeria pareció ignorar la mirada gélida del hombre y comenzó a analizar la situación con total seriedad:

—Me considero alguien que duerme con tranquilidad. Además, tú duermes solo en esa cama tan grande... ¿qué pasa si te caes accidentalmente? Conmigo aquí no tendrás de qué preocuparte.

Con ella ahí, seguramente tendría aún más motivos para preocuparse.

Y en cuanto a lo de "dormir con tranquilidad", el tiempo se encargaría de demostrar que no era cierto en absoluto.

Alejandro se quitó los audífonos, los dejó en la mesa de noche y respondió con frialdad:

—Ya que viniste hasta aquí, señorita Figueroa, asumo que venías preparada para ser rechazada. Ahora, vete.

Valeria se mordió el labio, pero no se movió de su lugar.

—¿Qué, quieres que te eche a la fuerza otra vez?

—...No será necesario.

La mujer cambió su tono a uno más conciliador.

—Pero, ¿puedes decirme qué tengo que hacer para que aceptes dormir conmigo?

Alejandro volvió a reír.

Quizá de verdad le parecía una situación ridícula.

O tal vez no sabía qué expresión poner.

Era la primera vez que Valeria lo veía reír de una forma tan encantadora. Su rostro se relajó, mostrando unos dientes perfectamente blancos. Bajo la luz natural, todas sus facciones parecían suavizarse con una ternura abrumadora.

Sin embargo, esa expresión duró muy poco, volviendo a esconderse tras una máscara de frialdad.

Él retiró las sábanas, se levantó y caminó sin prisa hasta detenerse frente a Valeria.

La miró desde arriba.

Una mirada penetrante, afilada como una cuchilla, la envolvió al instante.

—Entonces te lo diré de una vez: bajo ninguna circunstancia permitiré que duermas conmigo. Señorita Figueroa, creo que ya dejé muy clara mi postura. En este matrimonio no habrá intimidad, así que si estás desesperada, tendrás que aguantarte.

Dicho eso, señaló hacia la puerta con la barbilla.

—Vete.

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