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Quiere Mi Corazón, Me Caso con Ciego Rico romance Capítulo 120

En el auto, el hombre ya había preguntado la hora por tercera vez. Santiago revisó su reloj y trató de excusarla:

—Seguro la señorita... no sabe qué elegir. Después de todo, es un detalle para su abuelo. Señor Silva, no se desespere.

La mirada de Alejandro se dirigió al frente con indiferencia.

—¿Desde cuándo la comprendes tan bien?

—No... para nada.

La sonrisa de Santiago fue más tensa que una mueca de dolor. Era la esposa del jefe, él no se atrevía a opinar de más.

Ya había pasado la hora de salida laboral y la entrada del centro comercial estaba cada vez más llena de gente.

El guardia de seguridad miraba hacia el auto cada cierto tiempo... Técnicamente, no estaba permitido estacionarse allí por mucho tiempo, pero al ver el modelo del vehículo, temía que fuera alguien a quien no le convenía molestar.

Justo cuando la paciencia de Alejandro estaba a punto de agotarse, la puerta trasera se abrió de golpe.

—¡Ta-chán!

La voz de la mujer sonó alegre y cristalina.

Acompañada de un fuerte aroma a rosas, ella le acercó el enorme ramo a la cara.

—Huélelo, a ver si te gusta. Es para ti.

—¿Perdiste todo este tiempo solo para comprar esta estupidez?

—¿Qué tiene de malo esta "estupidez"?

Valeria lo olió.

—Huele delicioso.

—Quítalas de aquí —la expresión del hombre era de total desagrado, e incluso de repulsión.

Valeria sintió que su sonrisa flaqueaba. No podía creer que él fuera tan frío.

—Señor Silva, no puede ser tan desalmado. Te regalo flores, si no quieres decir que te conmovió, ¿al menos podrías decir "gracias"?

La mirada afilada de Alejandro se clavó en ella, haciendo que se sintiera acorralada en un instante.

—¿Gracias?

—...

Él levantó la mano y tomó el ramo. Valeria pensó que finalmente lo iba a aceptar, pero al segundo siguiente, el hombre bajó la ventana de golpe...

Y arrojó las flores sin pensarlo dos veces.

Subió la ventana.

—En el futuro, abstente de hacer este tipo de cosas sin sentido, solo logras ser irritante.

—...Gracias.

—Fíjate por dónde caminas —dijo él con tono severo.

Justo después de decirlo, sonó su celular.

Alejandro frunció levemente el ceño, soltó su cintura y se apartó para contestar.

Valeria hizo un puchero. Había alcanzado a ver el nombre en la pantalla: Aitana Garza.

Aparte de esa mujer, probablemente nadie más era capaz de alterar tanto sus emociones.

Santiago se acercó cargando los regalos, y con solo ver la situación adivinó lo que estaba pasando.

—La señorita Garza tiene negocios con nuestra empresa.

Lo dijo para justificar a su jefe.

Valeria levantó una ceja ligeramente y respondió con una sonrisa irónica:

—Con un asistente tan devoto como tú, cualquier sueldo que te paguen está más que justificado.

Eso avergonzó un poco a Santiago.

—Exagera, señorita Figueroa. Sin embargo, hay algo que debo decirle. Hace un momento en el auto, el señor Silva no actuó así por capricho. Él es alérgico al polen.

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