La brillante sonrisa en los ojos de la mujer fue como una espina que se clavó directamente en los de Mauricio. Por un instante, sintió que estaba perdiendo el control sobre algo muy importante.
—Vale... no te portes así.
—¿Y cómo quieres que me porte?
Valeria endureció su expresión y lo miró con frialdad.
—¿Debería pelearme con Rosalía por tu amor? Mauricio, ya les di lo que querían; dejen de molestarme.
No le dio mucho más tiempo.
—Disculpe, Dr. Guzmán, pero tengo cosas que hacer esta tarde, así que no me voy a quedar aquí a broncearme con usted.
Mauricio apretó cada vez más fuerte el volante mientras observaba cómo la figura de ella se alejaba.
Valeria recién se volvió a mirar cuando llegó al ascensor.
Suspiró aliviada de que él no la hubiera seguido.
¿Cómo podía Rosalía ser tan inútil? Aun dándole todas las facilidades, no lograba mantener a su hombre amarrado.
Aquel Mercedes Benz negro se quedó estacionado frente al edificio por un largo rato; dos horas después, cuando Camila regresó, el auto seguía allí.
Se quedó mirándolo un momento y, al hacerlo, logró distinguir al hombre de expresión decaída y ensombrecida en el asiento del conductor.
¿Ese es... el Dr. Guzmán?
Camila sintió un sobresalto y subió apresuradamente.
Al entrar a la oficina, Valeria seguía jugando Buscaminas. Sostenía su barbilla con su delicada mano, sentada en una postura muy relajada y casual.
Valeria alzó la vista y preguntó con indiferencia:
—¿Qué lograste averiguar?
—Grabé un video.
Camila ya había pasado el video a la tableta. Lo abrió y se lo pasó.
—Al principio, el hombre no quería soltar nada, pero cuando le ofrecí treinta mil, abrió la boca.
—Alguien le pagó dinero para... darle un escarmiento a usted.
—¿Un escarmiento?
Valeria arqueó los labios con burla.
Camila asintió.
—Entendido.
El mundo siempre está inmerso en un delicado equilibrio.
Cada acto tiene su consecuencia.
Eso es lo que llamamos karma.
A pesar de haberlo entregado a la policía, Valeria sabía muy bien que este asunto se cerraría con Zacarías terminando en la cárcel.
Puesto que la persona detrás de todo esto había logrado mantenerse en el anonimato durante tanto tiempo, seguro que tenía preparada una vía de escape infalible.
Sin embargo, lo que le resultaba extraño era...
Puerto Azul y San Cristóbal no quedaban precisamente cerca, así que, ¿por qué Zacarías había aparecido aquí?
De repente, a Valeria se le encendió la bombilla y llamó de nuevo a Camila.
—Ordena a alguien de inmediato que averigüe de dónde es Zacarías. Si es de Puerto Azul, ¿a qué vino a San Cristóbal esta vez?
Un hombre de su edad raramente abandona su tierra para buscar trabajo en otro lado. Además, Puerto Azul no era ningún pueblucho perdido en medio de la nada. ¿Qué necesidad tenía de viajar tan lejos?

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