Valeria todavía estaba dándole vueltas a lo que Ofelia acababa de decirle. Si Mauricio estaba dispuesto a amenazar a Humberto Figueroa, estaba claro que no se detendría hasta conseguir su válvula cardíaca.
Rosalía Figueroa... de verdad era más importante para él que cualquier otra cosa.
—¿Valeria?
Ofelia agitó una mano frente a la cámara.
—Te estoy hablando, ¿en qué estás pensando?
—Ah, no, no lo he conocido. —Valeria por fin reaccionó y respondió casualmente—. A lo mejor es tan feo que no se atreve a salir, porque hasta ahora no se ha asomado por ninguna parte.
—¡Ay, Dios...! Qué paciencia tiene ese hombre.
Ofelia propuso:
—¿Qué te parece si te consigo un detective privado para que al menos veamos qué cara tiene?
—Déjalo, no hace falta.
Ese tipo de cosas no corrían prisa.
Valeria se recostó en la silla con una actitud relajada y dijo:
—Sería ideal que nunca accediera. Así, no estaría incumpliendo el trato con Don Carlos, y podría seguir con mi vida de soltera. ¿Qué más podría pedir?
—Eso dices tú... —Ofelia torció la boca—. Pero con este lazo a tus espaldas, tampoco puedes ir a buscar a otra persona...
Al llegar a este punto, abrió los ojos de par en par.
—No me vengas con que ya no crees en el amor, el romance es parte de la vida. Una mala relación es mejor que no tener ninguna, ¿entiendes?
Valeria enarcó ligeramente una ceja, sin confirmar ni negar.
Platicaron de un montón de cosas al azar, hasta que se llegó la hora de la reunión.
—Ya te dejo. Cuando vengas a San Cristóbal, nos tomamos un café y seguimos platicando.
Ofelia le dedicó una radiante sonrisa, mostrando su dentadura perfecta.
—Será muy pronto, te lo prometo.
Valeria no le dio mucha importancia a sus palabras. Tomó los documentos que ya tenía preparados y se dirigió a la sala de reuniones.
El propósito de la junta era definir la futura dirección del desarrollo y las principales líneas de expansión de los negocios.
Aunque Valeria era la jefa nominal, rara vez se dejaba ver por la oficina, así que no la conocían muy bien.
Pero tras finalizar la reunión, muchos la miraban con estrellitas en los ojos, como si hubieran encontrado un tesoro escondido.
¿Quién más tenía una jefa hermosa, imponente y capaz?
Titulares como esos aparecían uno tras otro en una larga lista.
Incluso un par de ellos tenían la etiqueta "Tendencia".
Valeria entró al azar a un par de artículos y les echó un vistazo; todos eran más de lo mismo, dirigiendo intencionalmente la opinión pública hacia una supuesta relación entre Valeria y Eduardo.
—¿Quién escribió estas notas?
La secretaria, atemorizada, tartamudeó:
—Di... Directora Figueroa, no... no lo sé.
Pensaba que su jefa iba a enfurecer, pero en lugar de eso, esbozó una sonrisa.
—No importa si no lo sabes. Ahora llama a Camila y dile que se prepare.
La secretaria no entendió muy bien.
—Jefa, ¿qué tipo de preparación quiere que haga la asistente Camila?
Tal vez por el buen humor, Valeria tuvo una paciencia inusual y respondió con una sonrisa encantadora:
—Dile que van a llegar visitas, y que debe atenderlas muy bien.
Ya que había gastado tanto dinero, era hora de que eso rindiera frutos.

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