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Quiere Mi Corazón, Me Caso con Ciego Rico romance Capítulo 87

Sabrina agarró su bolso y, con todas sus fuerzas, empezó a golpear al hombre en la cabeza.

El cuerpo de Mauricio se tensó. Giró la cabeza lentamente, pero Valeria ya no pensó en nada más. Agarró a Sabrina de la mano y empezaron a correr como locas.

—¡Corre!

La entrada de la discoteca siempre estaba abarrotada de gente y vehículos. Ambas llevaban tacones, y los vuelos de sus vestidos se agitaban salvajemente en el viento detrás de ellas.

La gente frente a ellas se apartaba instintivamente para abrirles paso, viéndolas con curiosidad y asombro.

Semejante espectáculo dejaba a todos pensando: ¿qué mujer de algún empresario poderoso estaría causando problemas esta vez?

Sin embargo, en ese preciso momento...

Valeria y Sabrina estaban apoyadas contra una pared, sin rastro de su glamour habitual y jadeando sin parar.

—No puedo creerlo... ¿Quién era ese sujeto? ¿Por qué le tienes tanto miedo? —preguntó Sabrina, apenas logrando recuperar el aliento y mirándola con cierta decepción—. No me tienes miedo a mí ni a Alejandro, ¿pero a él sí?

Valeria agitó la mano.

—No es miedo.

Tal vez en cuanto a estatus social, Sabrina y Mauricio no eran tan diferentes.

Pero ese hombre era increíblemente inestable, y nadie podía predecir de qué atrocidad sería capaz.

Sabrina ladeó la cabeza, dejando caer su cabello largo hacia un lado.

—¿Entonces qué es?

Valeria, que ya sentía la garganta seca, simplemente se puso en cuclillas.

—Que no puedo ganarle en una pelea.

Sabrina se quedó sin respiración y bajó la mirada como si estuviera viendo a un fantasma.

—El otro día le diste una paliza a un montón de tipos, ¡y hoy me dices que no puedes con uno solo?

Valeria no dio más explicaciones y usó un tono severo:

—Sabrina, no le cuentes esto a nadie.

¿Esto?

¿A qué se refería?

Sabrina tardó un rato en comprender que hablaba de lo de las peleas.

—¿Por qué no?

—No hay un porqué.

Valeria no tenía ninguna expresión en el rostro al ponerse de pie. Sus delicadas facciones quedaron expuestas bajo la luz del poste.

—Si Alejandro o alguien más se entera de esto, te haré responsable.

¿La estaba amenazando?

Sabrina estuvo a punto de estallar cuando las luces altas de un auto que se acercaba las deslumbraron por completo.

Azotó la puerta del auto provocando un fuerte estruendo.

Los músculos de la mejilla de Valeria temblaron de manera casi imperceptible.

Esa era la gran ventaja de las chicas ricas de verdad: hicieran lo que hicieran, tenían toda la seguridad del mundo. No necesitaban crear estrategias ni caminar con extremo cuidado.

Ella, en cambio, estaba sola en medio de la niebla, y su única opción era seguir avanzando.

Después de lo que había pasado hoy, era imposible que Mauricio lo dejara pasar.

Valeria imaginó un sinfín de maneras en las que él podría aparecer, pero jamás se esperó que, al abrir la puerta de su oficina al día siguiente, lo vería sentado en su propio escritorio.

—¿Cómo... cómo entraste?

El hombre sonrió ampliamente.

—Vale, ¿qué tipo de pregunta es esa?

—¿Acaso crees que hay un lugar al que yo no pueda entrar?

Claro que no.

Mauricio tenía dinero y poder. Si así lo quería, seguro hasta podría lograr que el diablo le rindiera cuentas.

Valeria apretó la perilla de la puerta, dudando si debía salir.

En ese breve lapso, Mauricio se levantó lentamente, caminó hacia ella, apartó la mano de Valeria y cerró la puerta.

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