—¿De verdad tienes el corazón para ver a tu prima caer en depresión por este escándalo? ¡Elena, eres demasiado cruel!
Elena sonrió levemente.
—Ella jamás me ha considerado parte de la familia, ¿cómo puede exigirme que me preocupe por ella? Señora Valiente, si de verdad cayó en depresión por esto, lo que debería hacer es buscarle un buen psicólogo, no venir a reclamarme.
Al verla tan fría y distante, la anciana Valiente tembló de rabia, sintiendo que las piernas le fallaban.
En ese momento, Piero se acercaba buscando a Elena. Al ver cómo la anciana le gritaba sin piedad a la joven, sintió una punzada de indignación en el pecho.
Sin pensarlo, se adelantó y se interpuso entre ambas, protegiendo a Elena.
—Señora, ¿por qué ataca así a la señorita Navarro? —reclamó—. No crea que por ser mayor tiene derecho a humillar a los demás.
La anciana Valiente reconoció a Piero al instante.
¿No es este el muchacho que le gusta a mi Milena?
Y resulta que está aquí defendiendo a Elena.
Con razón Milena estaba tan devastada; Elena no solo había pisoteado su reputación, sino que también le había robado al hombre que amaba.
En su mente, Elena era una auténtica víbora, la ruina de la familia.
La anciana clavó una mirada cargada de odio en Elena y, perdiendo la poca cordura que le quedaba, estalló:
—¡Eres la maldición de nuestra Milena! Cuando no estabas, mi niña tenía una vida perfecta. ¡Fue poner un pie aquí y arruinarlo todo! ¿Para qué regresaste? ¡Deberías haberte quedado pudriéndote en Ciudad del Río y no volver jamás!
Piero, que había escuchado de boca de Milena la difícil historia de Elena, sentía una profunda empatía por ella. Las palabras venenosas de la anciana le parecieron crueles y desmedidas.
Sin embargo, Elena se mantuvo imperturbable.
Si hubiera crecido en el seno de la familia Valiente y compartiera algún lazo afectivo con ellos, esos insultos le habrían desgarrado el alma.
Pero no sentía absolutamente nada por esa gente, así que los gritos de la anciana le resbalaban como agua sobre cristal.
Aun así, no dejaba de asombrarle el descarado favoritismo de la mujer.
Cuando la anciana Valiente por fin se marchó, furiosa, Piero se giró hacia Elena.
—¿Estás bien? Esa señora no atiende a razones. La próxima vez que venga a molestarte, llámame. Yo te protegeré.
Tenía un marcado complejo de caballero andante; en su cabeza, un verdadero hombre debía ser el escudo de la mujer que le importaba.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....