—¡Cállense! —las regañó la anciana Valiente, furiosa—. Ustedes son las que tienen una visión muy corta. Si tuvieran al menos la mitad de su talento y lograran agradarle a mujeres como la señora Santini y la señora Ferrer, nuestra familia estaría dando gracias al cielo. Y yo no tendría que estar angustiada por conseguirles un buen matrimonio. Elena logró conquistar a Alejandro. ¿Qué clase de esposo pueden conseguir ustedes?
Rosalía se quedó callada.
Antes, la anciana Valiente no soportaba a Elena, y ahora, sorprendentemente, la estaba elogiando.
Pero Milena, al fin y al cabo, era la consentida de la abuela, así que no se dejó intimidar por su enojo y murmuró:
—Con esa actitud que tiene, quién sabe cómo le vaya en el futuro. Abuela, ¿cómo puedes compararla con nosotras? Además, yo ya estoy a punto de cerrar mi compromiso con la familia Rosas, no es como si nadie me quisiera. Si no te parece suficiente, simplemente rechazo la propuesta y ya.
Siendo Milena la niña de sus ojos, la anciana Valiente no fue capaz de seguir regañándola.
—Ay, tú solo sabes cómo sacarme canas verdes. Si rechazas un partido tan bueno como el de la familia Rosas, ¿cuánto tiempo crees que te tomará encontrar a alguien mejor?
Al notar el tono conciliador de la abuela, el humor de Milena mejoró un poco.
En el fondo, si había aceptado la propuesta de la familia Rosas no era porque estuviera perdidamente enamorada de Eustaquio, sino porque disfrutaba de sus atenciones.
Durante el último tiempo, había estado deprimida, encerrándose en casa, y fue Eustaquio quien siempre estuvo allí para consolarla y hacerla sonreír.
Cuando Milena tenía sus ataques de mal genio y se desquitaba con él, Eustaquio nunca se molestaba; al contrario, permanecía fielmente a su lado.
Milena consideró que Eustaquio había superado todas sus pruebas, y por eso finalmente había aceptado casarse con él.
La verdadera razón por la que quería apresurar la boda tenía nombre y apellido: Elena.
Elena había arruinado su reputación. Ya no tenía cara para volver a la universidad ni para buscar trabajo, así que su única salida era el matrimonio.
Estaba dispuesta a apostar su futuro a Eustaquio. Si a él le iba bien en los negocios, ella, como su esposa, también disfrutaría de la gloria.
Además, planeaba dedicarse en cuerpo y alma a criar a su futuro hijo, quien se convertiría en su mayor orgullo.
Tarde o temprano, recuperaría toda la dignidad que había perdido.
Rosalía, al ver cómo la abuela solo mimaba a Milena, no dijo nada; ya estaba acostumbrada a ese favoritismo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....