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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 1020

Al pensar en Aurora, a Diana se le iluminó el rostro con una sonrisa de ternura.

—Es que Aurora es un verdadero ángel... Ay, cuando lo pones así, hasta me haces dudar de mi decisión.

Al día siguiente, Elena llegó al trabajo luciendo unos vestidos sueltos y cómodos.

Gracias a los cotilleos de Diana, ahora todo el mundo en el laboratorio sabía que estaba embarazada.

De pronto, todos empezaron a tratarla con un cuidado excesivo, casi como si fuera de cristal.

Elena no pudo evitar suspirar con resignación. Estaba segura de que Diana había exagerado los detalles.

Esa tarde, al salir de la oficina, Elena se topó en la entrada con alguien a quien no veía desde hacía tiempo: Piero Quiroz.

El embarazo le había otorgado a Elena un aura aún más dulce y radiante.

Además, ese día no llevaba su típico y formal traje de oficina, sino un hermoso vestido color rosa pastel que dejó a Piero completamente embelesado, incapaz de apartar la mirada.

—¿Cómo es posible que haya un hombre dispuesto a dejar que una esposa tan hermosa salga a trabajar?— pensó él. Si fuera mía, la escondería en casa para que nadie más la viera.

Para sorpresa de Piero, Elena no lo miró con la frialdad habitual.

—Señor Quiroz, debe ser muy agotador hacer guardia en la entrada de mi trabajo tan seguido, ¿no cree?

Al escuchar su tono suave, Piero se sintió abrumado y halagado.

—Para nada, me hace muy feliz esperarte aquí. Y por favor, no seas tan formal conmigo, puedes llamarme Piero.

Elena acarició sutilmente su vientre y lo miró fijamente.

—Antes de que sigas, quiero compartirte algo. Estoy esperando un bebé. Mi esposo y yo estamos inmensamente felices, por eso quería darte la noticia.

En un instante, Piero sintió como si le hubieran dado un golpe directo al corazón.

Cualquier rastro de la alegría que sentía hace un segundo se hizo polvo.

—¿Estás... esperando un bebé? —tartamudeó Piero, con la voz quebrada.

Elena asintió con calma.

—Tengo muchísimo trabajo, pero aun así quise tener un segundo bebé. Supongo que puedes imaginar el motivo, ¿verdad? Es porque la relación con mi esposo es más sólida que nunca. Señor Quiroz, le pido que no siga perdiendo su tiempo conmigo. Espero que esta sea la última vez que nos veamos.

A partir de ese día, Elena no volvió a cruzarse con Piero a la salida del trabajo.

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