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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 1028

En cuanto la familia Rosas salió de la casa, la anciana Valiente cambió por completo su expresión y, con el rostro severo, interrogó a Milena:

—¿De verdad te pusiste a ensuciar el nombre de Elena en internet?

Incluso si lo hizo, debió haber borrado su rastro. Qué humillación para la familia Valiente ser descubiertos de esta manera.

Rosalía estaba sentada a un lado, disfrutando del drama como si fuera un espectáculo.

Como el honor de la familia Valiente estaba en juego, la anciana Valiente no iba a dejar que Milena hiciera lo que le diera la gana sin ninguna consecuencia.

Milena nunca había sido regañada con tanta dureza por su abuela, y las lágrimas de inmediato se le acumularon en los ojos.

—Abuela, ¿cómo puedes dudar de mí? ¿Acaso crees que soy esa clase de persona?

La tercera señora Valiente arropó a Milena entre sus brazos y le reclamó a la anciana:

—Todos sabemos lo buena y noble que es mi Milena. Suegra, ¿cómo puede dudar de ella?

La anciana Valiente se serenó un poco y se dio cuenta de que se había dejado llevar por el impulso.

Milena había crecido rodeada del amor y la protección de toda la familia; nunca había tenido malicia en su corazón. Seguramente, esa tal Elena estaba haciendo una tormenta en un vaso de agua otra vez.

La anciana dejó escapar un suspiro.

—Le pediré a tus tíos que se encarguen de arreglar este enredo. No permitiré que nuestra Milena sufra ninguna injusticia.

Al ver que su abuela le creía y que alguien más se haría cargo del problema, la tensión en el pecho de Milena comenzó a disiparse.

En cambio, Rosalía sintió una punzada de amargura en su interior.

A ella siempre le tocan los beneficios, pero cuando mete la pata, los demás tienen que limpiarle el desastre.

El favoritismo de la abuela ya cruzaba todos los límites.

Mientras tanto, la señora Rosas y Eustaquio ya habían abandonado la mansión de los Valiente.

Una vez en el auto, Eustaquio no pudo contenerse más y le preguntó a su madre:

—Mamá, ¿y si de verdad hizo algo así?

La señora Rosas frunció el ceño con disgusto.

—Dejaremos pasar un tiempo para ver cómo resulta todo esto. Si la meten presa, la familia Rosas de ninguna manera aceptará a una nuera con antecedentes penales.

Eustaquio dudó un instante.

—Pero... ella está esperando un hijo mío.

La señora Rosas acarició el brazo de su hijo con una sonrisa tranquilizadora.

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