Para cuando Diego regresó con la cena, la abuela ya había despertado.
Para no preocupar a la abuela, Elena dejó a un lado su frialdad y volvió a mostrarse como la esposa atenta y amable de siempre.
—Diego, con todo lo que tienes en la empresa y encima ayudándome a cuidar a mi abuela... de verdad, muchas gracias por el esfuerzo.
Al ver que por fin lo miraba a los ojos y valoraba su esfuerzo, Diego no pudo evitar sonreír.
—No es ninguna molestia. Tu abuela también es mi familia, cuidarla es lo menos que puedo hacer.
Al verlos tan unidos, la abuela se llenó de alegría y sintió que los dolores de su enfermedad disminuían.
Después de acompañar a la abuela durante la cena, Diego le preguntó a Elena con un tono cuidadoso:
—Dejemos que la enfermera se quede con ella esta noche. Vamos a casa a descansar y regresamos mañana por la noche, ¿te parece?
La abuela también insistió en que se fueran:
—Yo estoy bien, váyanse ya a descansar.
Elena esbozó una leve sonrisa.
—Está bien.
En cuanto salieron de la habitación, su sonrisa desapareció por completo.
Diego la tomó de la mano mientras con la otra respondía mensajes en su celular.
Elena intentó soltarse, pero él le apretó la mano con más fuerza.
—Así ni siquiera puedes contestar bien —dijo ella en voz baja, sin ocultar el desdén.
Diego no apartaba la vista de la pantalla.
—No te voy a soltar. Quiero ir a casa tomado de la mano de mi esposa.
Ella le dirigió una mirada cargada de sarcasmo.
«Seguro le está contestando a Adriana».
«Aunque tenga la cabeza llena de otra mujer, todavía tiene el descaro de decirme palabras de amor».
En verdad admiraba su talento para llevar esa doble vida.
Una vez en el coche, él guardó el celular y se dirigió a ella:
—Pasado mañana es el cumpleaños de mi mamá y organizaron una cena en la residencia familiar. Quiero que vayas conmigo. Para la abuela, contrataré a un par de enfermeras particulares más, estará en las mejores manos.
Por más asco que Elena sintiera hacia la familia Romero, quería que la abuela tuviera paz en sus últimos días, así que terminó accediendo.
—Está bien.
Regresaron juntos a la casa.
Pero al recordar que Adriana ya estaba esperando un hijo suyo, Elena sintió un rechazo feroz ante tanta hipocresía.
Justo antes de apagar la luz, el celular de Diego vibró.
Al leer el mensaje, frunció el ceño con preocupación.
Elena lo observó en silencio; ya podía imaginarse lo que él le iba a decir.
Sin embargo, él no dijo ni una sola palabra.
Tiempo después, ambos estaban acostados en la misma cama, pero sin rastro de la intimidad de antes. Entre ellos solo quedaba un enorme hueco bajo las cobijas.
Elena le dio la espalda y trató de respirar despacio para fingir que dormía.
Media hora más tarde, escuchó cómo él se levantaba de la cama.
La puerta se cerró con cuidado.
Unos minutos después, el sonido de un coche arrancando resonó desde la calle.
***
A Elena le había sorprendido mucho que la familia Romero le hubiera prohibido a Adriana asistir a la cena de cumpleaños de Beatriz, pero a ella sí la hubieran invitado.
No fue hasta que llegó a la residencia de la familia Romero que entendió la verdadera razón.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....