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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 999

En su mente retorcida, seguía firmemente convencida de que Piero solo estaba pasando por una fase de locura temporal y que, en cuanto recobrara el sentido común, se alejaría de Elena de inmediato.

Por eso, al encontrarse de frente con Elena en la residencia de la familia Santini, Milena retomó al instante su pose de niña rica inalcanzable y arrogante.

Paola Santini, la joven de la rama secundaria de la familia, era muy amiga de Milena.

Al notar la tensión, Paola le preguntó:

—¿Las conoces?

—Para nada —respondió Milena con desdén.

Paola asintió, restándole importancia.

—Bueno, vamos adentro. La seguridad aquí es súper estricta y solo me permiten entrar con una invitada.

Milena le lanzó a Elena una mirada cargada de superioridad.

No tenía idea de qué demonios hacían Elena y Diana allí, pero las puertas de la familia Santini no se le abrían a cualquier hijo de vecino.

Ella misma había logrado esa conexión únicamente porque Paola era su compañera de universidad y estaban en el mismo club estudiantil.

Elena y Diana optaron por ignorarlas olímpicamente. Como ya era la segunda vez que las invitaban a cenar, el lugar les resultaba bastante familiar.

Justo cuando iban a pasar, las detuvieron.

El guardia de seguridad en turno era nuevo, no el mismo de la semana pasada, así que les habló con un tono muy burocrático:

—Por favor, registren sus datos de identificación antes de avanzar.

Elena y Diana cruzaron miradas y, sin hacer problema, procedieron a cumplir con el protocolo de la entrada.

Milena no dejó pasar la oportunidad para burlarse.

—Ay, por favor, ¿de verdad creyeron que a esta casa entra cualquiera como si fuera un parque público?

Elena hizo oídos sordos. Terminó de anotar sus datos junto con Diana y esperaron pacientemente a que el guardia llamara a la oficina principal para confirmar el acceso.

De repente, a Paola se le encendió el foco.

—Oye, escuché a mi tía decir que hoy tendría a dos invitadas especiales para cenar. No me digas que son ellas.

Milena soltó una carcajada llena de desprecio.

—¿Estás bromeando? Imposible.

Paola también desechó la idea casi de inmediato.

La señora Santini, con todo su prestigio, jamás invitaba a cenar a mujeres tan jóvenes.

Sonrió aliviada y jaló a Milena del brazo.

—Ven, entremos ya.

Milena le dedicó a Elena una última sonrisa triunfal.

¿Y qué si Piero andaba babeando por ella? En lo que respecta a los contactos y el poder dentro de la alta sociedad, Elena no le llegaba ni a los talones.

Poder humillarla de esa manera la hacía sentir en la cima del mundo.

En ese preciso instante, el chofer personal de la señora Santini, el señor López, pasó caminando. Al reconocer a Elena, su rostro se iluminó con una sonrisa sumamente respetuosa.

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