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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 131

Al regresar, Elena agregó al director Molina a WhatsApp.

Él la aceptó casi de inmediato, pero como estaba muy ocupado, no le contestó los mensajes.

A Elena no le quedó más remedio que esperar a que se desocupara para hablar del proyecto.

El sábado por la mañana, Elena fue a visitar a su abuela.

La señora parecía tener algo más de ánimo; se acomodó contra la cabecera y ambas se quedaron conversando un rato.

Elena le dio de comer un poco de fruta y le limpió la cara y las manos con cuidado.

De pronto, la abuela volvió a sacar el tema de los hijos.

—Elena, Diego y tú deberían apurarse a tener un bebé. Me haría muy feliz saber que estás embarazada antes de irme de este mundo. Así, cuando me toque rendirle cuentas a tu padre en el más allá, tendré buenas noticias que darle.

Elena suspiró, frustrada.

—Abuela, no digas esas cosas. La medicina avanza rapidísimo, a lo mejor pronto sacan un tratamiento que te cure...

La abuela negó con la cabeza.

—Yo conozco mi cuerpo, mija. No pido mucho, solo quiero verlos formar una familia bonita y feliz.

Elena bajó la mirada, incapaz de responder de inmediato.

En ese momento, le entró una llamada de Beatriz. Salió del cuarto para contestar.

—Elena, la señora Valverde y yo vamos a tomar el té y a jugar cartas en el Club Cumbre —dijo Beatriz sin rodeos—. Hoy descansas, ¿verdad? Ven y acompáñanos un rato.

A Elena no le entusiasmaba la idea.

—Es que hoy tengo unos compromisos...

Beatriz la interrumpió de inmediato, molesta:

—La señora Valverde no va a quedarse mucho tiempo en la ciudad y todavía no cerramos el acuerdo con el Grupo Valverde. Si no aprovechas esta oportunidad para ganarte su confianza, ¿entonces cuándo?

Elena no tuvo más remedio que aceptar y tomó un coche hacia el Club Cumbre.

Al llegar a la entrada, se topó con que era un club exclusivo para socios. Como no tenía membresía, los guardias no la dejaron pasar.

Intentó marcarle a Beatriz un par de veces, pero no le contestó.

No quería irse; si lo hacía, Beatriz y Lucía seguramente volverían a complicarle las cosas a su tía en el trabajo. Así que se quedó parada en la entrada, esperando.

Pasó una hora y no recibió ni un solo mensaje.

—Está bien —accedió.

Isidora recuperó la compostura en un segundo y sonrió con falsa amabilidad.

—¡Claro! Qué mejor que irnos juntos. Ándale, súbete.

Tomó a Elena de la mano, la llevó hasta el coche y prácticamente la empujó al asiento del copiloto. Luego, se subió en la parte de atrás con Alejandro.

El chofer arrancó de inmediato.

Entonces, Isidora le preguntó a Elena sin previo aviso:

—Oye, Elena, la otra vez que los vi, noté que Diego y tú se llevan increíble. ¿Cómo se conocieron?

Elena no tenía la menor intención de contestar eso. El amor que le tenía a Diego se había esfumado hacía tiempo, y recordar el pasado solo la hacía sentir como una idiota.

Al ver que la ignoraba, Isidora soltó una risita.

—Ay, ¿te avergüenza hablar de eso? La verdad, sí me das envidia.

De repente, el chofer dio un frenón. Elena se fue hacia adelante por la inercia.

—Perdón —se disculpó el conductor—. Un gato se cruzó de repente y me asusté. ¿Están todos bien?

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