Elena soltó un bufido y contraatacó:
—¡Ay, Adriana! Crees que todas son como tú, ¡que recogen cualquier porquería y la tratan como un gran premio!
—¡Tú...!
Adriana se quedó sin palabras del coraje.
De pronto, vio a lo lejos a Diego, que caminaba hacia ellas. De inmediato borró su expresión de furia y miró a Elena haciéndose la víctima.
Diego se acercó y preguntó:
—Adriana, ¿qué pasa?
Adriana se mordió el labio y contestó:
—Solo quería advertirle a Elena, con la mejor de las intenciones, que venir sola a este evento podría ser peligroso por si se topaba con algún hombre malintencionado. Pero no me hizo caso y hasta me terminó insultando.
Diego miró a Elena y, al verla con un vestido de noche tan elegante, frunció el ceño con desaprobación.
«¿Se vistió así para venir a seducir hombres?»
«¿Acaso no aprendió la lección después de lo que casi le hace Sebastián?»
«¿Por qué no puede simplemente quedarse en su casa sin causar problemas?»
—Elena, Adriana tiene razón. No deberías estar en este tipo de eventos sociales, ¿qué no te da miedo que algún tipo se quiera propasar contigo?
Al ver su actitud tan arrogante, a Elena le dio risa de puro coraje.
—El director Vargas fue quien me invitó. Y dudo mucho que alguien tenga el valor de meterse con su acompañante.
Cuando Diego escuchó que había venido con el director Vargas, se le descompuso el rostro y sintió cómo le hervía la sangre.
Apretó los dientes y soltó:
—¡No tienes límites, Elena! Eres mi mujer, ¿qué demonios haces asistiendo a un evento público con otro hombre?
Elena se burló de él:
—¿Ah, sí? ¿Y qué me dices de Adriana y tú? ¿Ustedes sí pueden venir juntos a eventos públicos como si nada?
Diego intentó justificarse:
—Lo nuestro es por trabajo.
—Lo mío también.
Diego estalló:
—¡Lo digo por tu propio bien! ¿Por qué tienes que ponerte tan necia justo ahora?
Entonces pensó que seguramente Elena estaba celosa de verlo con Adriana, y que por eso había ido a provocarlo.
Con ese pensamiento, su expresión se suavizó un poco.
—Elena, ¿ya se te olvidó lo que te hizo Sebastián? Si no hubiera contratado a un abogado para demandarlo y meterlo a la cárcel, ¿quién crees que iba a hacer justicia por ti?
¡Elena pensó que era el colmo de la hipocresía!
Si Javier no le hubiera contado que fue el propio señor Valverde quien lo entregó, hasta se habría creído el cuento de Diego.
Lo miró con ironía y dijo:
—¿Esa era Elena? ¿Cómo es posible que a Alejandro le guste una mujer así?
Ya había mandado a investigar el pasado de Elena: una mujer que fue la mantenida de un tipo durante cinco años y que todavía seguía enredada con él...
¡Elena no estaba a la altura de Alejandro!
Isidora suspiró con fingida resignación:
—Pues yo escuché que la señorita Navarro tiene muchísimo encanto. Dicen que le llueven los pretendientes.
La señora Vargas soltó una risa fría:
—¿Cuál encanto? Seguro son puras mañas de resbalosa. Alejandro no puede caer en las redes de una mujer como ella.
Al ver el asco que la señora Vargas le tenía a Elena, Isidora sonrió al instante.
Una vez dentro del salón, la señora Vargas alcanzó a ver a Fernando.
Le dijo a Isidora:
—El profesor Álvarez también está aquí. Vamos a saludarlo.
Isidora asintió.
Ambas se acercaron para intercambiar algunas palabras con el profesor.
Fernando se llevaba muy bien con Alejandro, pero con la señora Vargas y con Isidora fue bastante cortés y distante, sin mostrar mucho entusiasmo.
La señora Vargas sabía que los genios de su nivel solían ser excéntricos y que no se les daban bien los eventos sociales, así que no alargó demasiado la plática y se despidió rápido.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....