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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 760

—Entonces nos vamos con la segunda opción —respondió Elena sin titubear—. Yo quiero a este bebé, Alejandro. Vas a tener que apoyarme, te juro que no soportaría perderlo.

Ya había experimentado en carne propia el infierno de perder un embarazo en el pasado; antes muerta que volver a pasar por ese calvario.

Bianca se acercó a la cama, con el corazón roto.

—Hija mía... tal vez deberíamos rendirnos esta vez. Podremos adoptar un niño en el futuro, te juro que será igual de maravilloso.

Elena negó frenéticamente con la cabeza, mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas.

—No es lo mismo, mamá, y tú lo sabes mejor que nadie. Simplemente no es lo mismo.

¿Cómo no iba a entenderla Bianca? Para ella, nadie en este mundo podría reemplazar jamás a su propia Elena.

—Está bien, mi niña, está bien —sollozó Bianca, rindiéndose ante la determinación de su hija—. Mamá está aquí, y voy a mover cielo y tierra para que logremos retener a este bebé.

Alejandro cerró los ojos, soltando un suspiro cargado de angustia.

—Elena, te suplico que lo medites un poco más.

—No hay nada que meditar. Este niño nace porque nace —sentenció ella con una firmeza que no admitía discusión.

Alejandro la envolvió entre sus brazos, hundiendo el rostro en su cuello, y con la voz áspera le hizo una promesa aterradora.

—Elena... si las cosas se complican y llega el momento en que tenga que elegir entre tú y el niño, yo elegiré salvarte a ti sin pensarlo dos veces.

Elena trató de sonreír para quitarle peso al ambiente.

—No seas tan pesimista, Alejandro. Vas a ver que lograré traer al bebé al mundo sano y salvo.

Poco después de que le dieran el alta, Alejandro reestructuró todas las operaciones de la empresa, trasladando el grueso de su trabajo a Ciudad del Río.

Se negó rotundamente a hacer horas extras y volvía a casa al atardecer todos los días.

Cuando la señora Vargas se enteró de su repentino cambio de residencia, no perdió el tiempo y lo llamó, escupiendo veneno por el auricular.

—Solo está esperando un niño, ¿de verdad necesita tenerte pegado a ella como una garrapata? Entiendo que antes viajaras entre Ciudad del Norte y Ciudad del Río porque estabas encaprichado, ¡pero cancelar tus reuniones y compromisos de la empresa por cuidarla! ¿Dónde quedó tu ambición profesional, Alejandro? Tú jamás te comportabas así.

—Esta es la vida que he elegido —replicó Alejandro, frío como el hielo—. Soy perfectamente capaz de balancear mi trabajo y mi vida. No necesito que te inmiscuyas.

—¡Ah, muy bien! ¡Pues quédate ahí jugando al marido ejemplar! El día que la empresa se vaya a pique, no vengas llorando pidiéndome ayuda.

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