Al salir de la terminal, Brais le ofreció compartir un taxi.
—Le agradezco, pero ya vienen a recogerme —declinó Elena con una sonrisa distante.
Brais no forzó las cosas, aunque se notó la decepción.
—Entiendo. Bueno, espero que podamos compartir una cena en otra ocasión.
Elena asintió con la cabeza, se subió a la camioneta donde la esperaba Bruno, y de inmediato le envió un mensaje por WhatsApp a Alejandro avisando que había llegado bien.
Alejandro respondió de inmediato: Entendido. Hoy procuraré volver temprano a casa.
Después de llegar a su hogar y almorzar tranquilamente con Bianca, Elena se fue directo al laboratorio en la universidad.
Apenas entró, Santiago se le acercó rebosante de emoción.
—¡Elena, muchísimas felicidades! Vi todas las noticias sobre tu premio. El fotógrafo hizo un trabajo magistral, saliste espectacular. Si supieras que anoche varios de mis excompañeros de la facultad me escribieron para preguntarme si estabas soltera. Les tuve que romper el corazón diciéndoles que ya estabas más que apartada. Se querían morir de la envidia.
Ella solo atinó a sonreír con modestia.
Justo antes de que terminara la jornada, el profesor Fernando la mandó llamar a su oficina.
—Esta noche voy a cenar con un viejo amigo y colega, me gustaría mucho que me acompañaras. ¿Te animas? —le propuso, notando la curiosidad en los ojos de Elena, y añadió—: Fue mi mentor en la universidad. A lo largo de su carrera dio clases en las mejores universidades del país y en la Universidad Río. Ya lleva algunos años retirado; su nombre es Oier Vega.
A Elena se le iluminaron los ojos.
Conocía perfectamente ese nombre, lo había estudiado en sus libros de texto.
El profesor Oier, a pesar de estar jubilado, jamás había dejado de lado la investigación y de vez en cuando aún publicaba artículos brillantes.
La sola idea de conocer a una eminencia como él la llenó de entusiasmo.
Siempre que conversaba con veteranos de la industria, su mente se expandía con nuevas perspectivas.
Elena y el profesor Álvarez llegaron juntos al restaurante.
Al entrar al reservado privado, Elena se quedó de piedra: ahí estaba Brais.
De pronto, todo tuvo sentido.
Recordó que en el avión Brais le había mencionado que su abuelo era un investigador farmacéutico jubilado.
¡Todas las piezas encajaban! Era el nieto de Oier Vega.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....