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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 232

[Adriel: Entonces quedamos así. Más tarde te paso mis datos y te envío la hora y el lugar de la entrevista. No te preocupes, las entrevistas serán en fin de semana para que no interfieran con tu trabajo.]

[Elena: Perfecto.]

Elena cerró el chat, tomó su vaso y le dio un sorbo al agua.

Alejandro estaba conversando con un ejecutivo que se encontraba a su lado. Al ver que ella terminaba de contestar sus mensajes, volteó a verla:

—El profesor Santini y el profesor Morales son expertos que han liderado proyectos de investigación muy importantes a nivel nacional —comentó—. Si tienes alguna duda en el futuro, puedes acercarte a ellos. Son personas que saben valorar el talento. Vi que conversaron contigo un buen rato hace un momento, y eso demuestra el respeto que te tienen. Estoy seguro de que llegarás muy lejos en esta industria.

Elena lo miró sorprendida.

Ella creía que él solo la había invitado a esa cena porque necesitaba a alguien que lo acompañara en sus compromisos sociales.

Jamás imaginó que, en realidad, lo hacía para presentarle contactos valiosos.

Por un momento se quedó sin palabras y solo atinó a decir con gratitud:

—Gracias, Alejandro.

Él soltó una ligera risa.

—No me des las gracias, Elena. Con tu capacidad, mereces estar en una plataforma mucho más grande para que más personas puedan verte.

Ella se quedó pasmada y le preguntó:

—¿Por qué confías tanto en mis habilidades?

Aunque desde niña había aprendido mucho de medicina con su abuelo y siempre había sacado notas excelentes en la universidad, nadie le había dicho jamás que estaba destinada a llegar lejos.

Su abuela solo quería que se casara, tuviera hijos y formara una familia de película.

Diego esperaba que fuera una esposa abnegada, que se quedara encerrada en casa siendo su apoyo incondicional, sin salir a dar la cara.

Sin embargo, lo que Alejandro esperaba de ella era completamente distinto.

Él realmente deseaba que tuviera una carrera exitosa y un futuro brillante.

Alejandro no respondió a su pregunta, solo sonrió levemente.

Justo en la puerta del sanitario, alguien la agarró de la muñeca.

Al darse la vuelta, se topó con un Diego furioso.

—Elena, ya basta. Fue bastante con permitirte volver a trabajar, ¿y aun así te atreves a mostrarte tan cercana a Alejandro? ¿Es que ya no me guardas el menor respeto?

Ella miró su expresión de rabia, pero mantuvo el rostro completamente sereno.

—No soy de tu propiedad. Si decido trabajar o no, no veo por qué necesito tu permiso. Además, lo mío con el director Vargas es pura cortesía básica, no le veo el problema.

La calma de Elena lo llenó de rabia.

No entendía por qué ella siempre le llevaba la contraria.

¡De haber sabido que se portaría así, jamás la habría dejado salir a trabajar!

—Elena, ¿no me digas que de verdad crees que Alejandro va en serio contigo? —soltó una risa burlona—. Es de lo más común que los hombres jueguen y se aprovechen de las mujeres en este tipo de eventos. ¡Si te lo estás creyendo, eres una completa ilusa!

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