La asistente tampoco sabía qué pasaba, pero tras ir a averiguar, regresó con la noticia de que la mayoría de los estudiantes se había ido a hacer fila al Instituto Farmacéutico Río.
—Voy a ver qué clase de maniobra están usando para llevarse a todos los candidatos —dijo Adriana, molesta.
Se levantó y caminó hacia el edificio donde estaba Adriel.
Al ver que Elena estaba sentada en la mesa de los entrevistadores del instituto, se quedó de una pieza.
¿Qué hacía Elena ahí?
¿Qué autoridad tenía para andar reclutando gente en nombre de ese instituto?
Al notar que allí había el doble de estudiantes que en la zona del Grupo Romero, le ardió la sangre del coraje.
Luego se fijó en Adriel, que estaba junto a Elena. Dedujo que toda esa multitud había ido por él, ya que era un peso pesado en el mundo de la investigación.
Si Elena estaba allí, sentada como si tuviera autoridad para decidir, seguro era porque el profesor Álvarez le había abierto esa puerta; de otro modo, Adriel jamás se habría fijado en ella.
Al ver que Adriel se acercaba una y otra vez a hablarle al oído a Elena, Adriana soltó un bufido, sacó el celular y les tomó varias fotos en ángulos maliciosos.
«Cuando Diego vea que Elena anda coqueteando con otros, seguro se le quitará la obsesión por ella», pensó con malicia.
Ya estaba a punto de irse cuando de pronto se topó con Hugo y el decano de la facultad de farmacia.
Hugo y el decano eran viejos amigos, y él había aprovechado el evento para saludarlo.
Él saludó a Adriana:
—Directora Castillo, ¿qué la trae por estos rumbos?
Adriana sonrió de manera diplomática:
—Escuché que el instituto estaba teniendo mucho éxito con sus entrevistas y quise venir a observar para aprender.
Hugo miró hacia la mesa de entrevistas y, al ver a Elena, frunció el ceño.
«Esta Elena está hasta en la sopa», pensó.
El decano no tenía idea de quién era Elena, pero sí ubicaba perfectamente a Adriel.
Adriana apretó los dientes, sintiendo que le habían dado una cachetada con guante blanco.
Le echó toda la culpa a Elena. Si Elena no hubiera intervenido, su jornada de reclutamiento no habría sido un fracaso total.
Al salir de la universidad, vio cómo Elena se subía al carro de Adriel.
Soltó una risa maliciosa, les tomó otra foto y se la mandó a Diego, junto con las otras que había tomado antes donde salían platicando muy de cerca.
Ya que Elena no tenía una pizca de vergüenza, ella se encargaría de hacerle la vida imposible.
***
Elías y Clara solo habían ido a ayudar durante un rato, y como todavía tenían trabajo pendiente, se regresaron al instituto.
Adriel, en cambio, se quedó y aprovechó para invitar a Elena a comer.
Como ella tenía bastante interés en las líneas de investigación de su instituto, aceptó la invitación sin darle muchas vueltas.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....