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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 244

En una semana a más tardar, arreglaría ese desastre y podría volver a ver a Elena.

Fernando negó con la cabeza.

—Por mucho trabajo que tengas, no la puedes descuidar así. Vino a pedirme un favor enorme. Pensaba que si te lo hubiera pedido a ti, todo habría sido más fácil, pero prefirió venir conmigo. Eso me dice que no confía tanto en ti. ¡Muchacho, no te tomes las relaciones a la ligera!

Alejandro esbozó una leve sonrisa.

—Entiendo, gracias por el consejo. A propósito, ¿en qué le está ayudando?

Fernando le explicó la situación.

Alejandro asintió.

—Déjelo en mis manos. Pero, por favor, no le diga que fui yo quien lo solucionó.

—¿Y por qué tanto misterio? —preguntó Fernando, confundido.

—Si acudió a usted, debe tener sus motivos. Prefiero respetar su decisión.

—Bueno, como veas.

Alejandro se tomó un té, se levantó y se despidió.

—Me retiro, se me hace tarde para el vuelo. Profesor, le encargo mucho a Elena.

—No tienes ni que pedirlo. Es mi alumna, claro que la voy a cuidar.

***

Cuando Elena fue al hospital a visitar a su abuela, se topó en el pasillo con la señora Vargas, que iba a dejarle comida a Isidora.

Era mucha casualidad que Isidora estuviera internada en ese mismo lugar.

Al verla, la actitud de la señora Vargas se volvió hostil. Se dirigió de inmediato a su empleada:

—Llévatelo a Isidora para que cene mientras está caliente.

La mujer asintió y se retiró con el recipiente térmico.

Por mucho que la anciana Vargas y Alejandro fueran buenos con ella, la mayoría de la familia Vargas la despreciaba.

Y si la propia señora Vargas la veía como su archienemiga, no iba a ser tan tonta como para meterse en la boca del lobo.

—Espero que de verdad tengas claro cuál es tu lugar —dijo la señora con evidente desprecio—. He conocido a un montón de muchachitas como tú. Al principio todas salen con el cuento del amor verdadero. Pero dime algo: si Alejandro no fuera el heredero de la familia Vargas, ¿estarían todas lanzándose a sus brazos de esa manera?

¿Crees que el amor lo resuelve todo? Te lo advierto, la familia Vargas no es cualquier cosa. Para ser la esposa de Alejandro, no basta con parirle hijos. Hay que manejar todos los asuntos de la familia. ¿Alguna vez has dirigido proyectos de cientos de millones? ¿Sabes cómo manejar a cientos de empleados? ¿Tienes idea de cómo lidiar con las amistades y socios de nuestro nivel? ¿Sabes siquiera cómo mantener limpia la imagen pública de la familia? Si no tienes idea de nada de esto, deja de soñar despierta.

La había hecho sentirse completamente insignificante.

La vergüenza la golpeó de lleno.

Se sintió ridícula por haberse quedado escuchando aquellos insultos.

Se irguió con orgullo, soltó una carcajada irónica y le contestó:

—Me parece que usted peca de soberbia. Ni siquiera soy su nuera, así que no tiene el menor derecho a criticarme. Guárdese sus discursitos para quien se case con su hijo. Además, Alejandro no es el único hombre en la faz de la tierra. No me juzgue con los mismos prejuicios con los que juzga a la gente de su círculo; eso también revela una enorme ignorancia y una arrogancia todavía mayor.

Y para serle sincera, no creo que casarse con un Vargas sea el premio mayor. Con una suegra tan amargada como usted, ¿qué mujer en su sano juicio querría meterse en ese infierno? Hoy en día nosotras tenemos dignidad; no somos tan arrastradas como usted cree. Los tiempos han cambiado: ya no solo ustedes escogen a las nueras, nosotras también elegimos a la familia política. Hoy las cosas ya no funcionan así.

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