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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 3

El ruido de los motores la sacó de su trance. Se separó rápidamente del abrazo del hombre, un poco nerviosa.

—Gracias.-

El hombre tenía facciones marcadas, era alto y llevaba un traje impecable. Su sola presencia imponía; se notaba al instante que era un hombre acostumbrado a mandar.

Con solo mirarlo, Elena se sintió intimidada.

Al ver que ya estaba estable, Alejandro Vargas respondió con un tono calmado:

—De nada.

Su voz era grave y tenía un modo de hablar sereno que resultaba extrañamente envolvente.

En ese momento, se escuchó la voz respetuosa de alguien detrás de él:

—Señor Vargas, el coche ya está listo. Tenemos que salir de inmediato si queremos alcanzar el vuelo.

Alejandro asintió hacia Elena y caminó hacia un sedán de lujo alargado.

El asistente le abrió la puerta y él subió con agilidad.

Después de que el coche avanzara un tramo, el asistente rompió el silencio:

—Señor Vargas, en este viaje a la ciudad tampoco pudimos dar con nadie de la familia del doctor Navarro que heredara sus conocimientos. ¿Quiere que sigamos buscando?

Alejandro se frotó el puente de la nariz con cansancio.

—Sigan buscando. La enfermedad de mi abuela solo puede tratarse con los conocimientos de medicina natural que heredó la familia del doctor Navarro.

—Entendido.

Cuando Elena llegó a su casa, la señora Ruiz, la empleada doméstica, se acercó a recibirle la bolsa con preocupación.

—Señora, ¿a dónde fue? El señor acaba de hablar para preguntar si ya había regresado.

Elena respondió con frialdad:

Su tono se volvió más estricto:

—Ya le dije que me voy de viaje y que se tome unos días. ¿Acaso le estoy pidiendo permiso? Empaque sus cosas y váyase, no es necesario que prepare la cena.

La señora Ruiz casi nunca la veía enojada. Aunque no le gustó el tonito, asintió a regañadientes:

—Está bien, señora.

Por dentro, no pudo evitar criticarla: «Una mujer sin clase, que no trabaja, que tuvo la suerte de casarse con un rico y que ni siquiera puede darle un hijo... A ver cuánto le dura antes de que la echen. ¿Y todavía se pone así de soberbia?».

Al llegar a su cuarto, Elena empezó a hacer sus maletas.

Llevaban cinco años juntos y la habitación estaba llena de recuerdos.

Tiró a la basura los álbumes de fotos, los recuerdos de sus viajes y las piezas de cerámica que habían pintado juntos.

No se iba a llevar la ropa de diseñador ni las joyas caras que él le regaló, pero tampoco se las iba a dejar fáciles a Adriana. Les tomó foto a cada cosa para venderlas en una aplicación de segunda mano.

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