Por la mañana, después de desayunar en casa de Alejandro, Elena se fue con él en su carro al trabajo.
Al llegar al estacionamiento subterráneo de la empresa, por miedo a que los vieran, esperó a que no hubiera nadie para intentar bajarse a escondidas.
Alejandro la detuvo con suavidad antes de que abriera la puerta.
—Incluso si nos ven llegando en el mismo coche, no pasa nada —le dijo—. Somos vecinos, es lógico que te dé un aventón.
Elena suspiró con impotencia.
—La gente es muy chismosa. No van a pensar que fue un simple aventón, van a decir que estoy intentando trepar y seducirte.
Con la diferencia de poder entre los dos, estaba clarísimo que las críticas caerían primero sobre ella.
A Alejandro, en cambio, hasta le celebrarían que lo vieran al lado de una mujer guapa, como si eso fuera lo más normal del mundo.
Elena regresó a su oficina.
Poco después, llegó Emiliano.
Antes de que él pudiera decir algo, ella sacó de su bolsa el libro especializado.
A Emiliano se le iluminaron los ojos y sonrió.
—¡Padrísimo, gracias, Elena! Lo voy a leer un rato en mi hora de comida y te lo devuelvo en cuanto termine.
Ese tipo de libros era casi imposible de conseguir. El ejemplar de Elena había sido un regalo del profesor Álvarez.
Emiliano sabía lo valioso que era y por eso no quería quedárselo tanto tiempo.
—Puedes llevártelo a tu casa y leerlo con calma —le dijo Elena—. No hay prisa.
Emiliano sonrió tímidamente.
—No puedo, en la noche voy a ver a mi novia.
—¿Ya tienes novia? —preguntó Elena sorprendida, pues hace poco Emiliano había dicho que estaba soltero.
Emiliano asintió.
—Sí, me gustaba una compañera de la universidad desde hace mucho tiempo, y hace unos días por fin aceptó salir conmigo. Hoy en la noche voy a ir a su casa a prepararle la cena.
Elena se quedó pasmada.
—¿Tú le vas a hacer de cenar?
Emiliano respondió con bastante orgullo:
—Ella también se dedica a la investigación farmacéutica, trabaja en el Instituto Farmacéutico Río. Como tiene mucho trabajo, me toca hacer mi parte y ayudar con las cosas de la casa para que no se canse tanto.
Elena sonrió.
Era agradable ver que hoy en día había hombres dispuestos a ser el gran apoyo en el hogar para sus parejas.
Elena se quedó pensando un momento.
—El último en vivo que hicimos funcionó muy bien. ¿Por qué no transmitimos la final en vivo también? Así le demostramos a todos que en el Grupo Vargas no hay trampa y que tratamos a todos los participantes por igual.
El director Olmedo la miró, escéptico.
—¿De verdad se animan?
Elena asintió.
—Por mi parte, no hay ningún problema.
El director Herrera, que también sería juez, estuvo de acuerdo.
—Me parece perfecto. De una vez que la gente y los concursantes vean que el nivel de investigación del Grupo Vargas le da mil vueltas al del Grupo Romero.
Por la noche, Fernando invitó a cenar a Elena y al director Herrera.
Al hablar sobre el certamen, Fernando se ofreció:
—Si necesitan ayuda con algo, cuenten conmigo.
Elena sonrió.
—Es solo un concurso pequeño, yo me encargo. No hace falta involucrar al profesor en algo tan menor.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....