El director Herrera también la elogió:
—Elena cada vez se parece más a usted en sus mejores tiempos, profesor Álvarez. Con un poco más de experiencia, va a poder con todo ella sola.
Al escuchar que halagaban a su alumna, Fernando se llenó de orgullo.
—Pero por supuesto. Mientras Elena no afloje y siga entregada a la investigación, estoy seguro de que va a llegar mucho más lejos que yo.
Rodrigo y Adriana también estaban cenando en ese mismo restaurante.
Al entrar, alcanzaron a ver a Fernando.
Como Rodrigo siempre había admirado a Fernando, le pidió al mesero que preguntara si podían acercarse a saludar.
Fernando, que reconocía el talento de Rodrigo, aceptó.
Rodrigo entró al privado acompañado de Adriana.
Al ver que Elena también estaba ahí, a los dos se les borró la cortesía del rostro.
Rodrigo actuó como si Elena fuera invisible y se puso a platicar con Fernando muy sonriente.
El profesor fue bastante educado con él, pero se mostró sumamente cortés y distante con Adriana.
Al notar la frialdad de Fernando hacia ella, Rodrigo intentó integrarla a la conversación, presentándola y presumiendo su talento en el área.
—...Estoy seguro de que usted ya conoce los logros que ha tenido el Grupo Romero últimamente, profesor Álvarez —dijo Rodrigo—. Adriana es su directora de investigación. Si no fuera por los malestares de su embarazo reciente, le aseguro que el Grupo Romero seguiría a la cabeza de la industria aquí en Ciudad del Río.
Fernando y el director Herrera intercambiaron una mirada irónica.
Ambos sabían perfectamente que todos los avances del Grupo Romero habían sido gracias a Elena.
Para colmo, Adriana había tenido el descaro de copiarles todo el formato del concurso.
Esa actitud tan deshonesta les daba asco.
Adriana se sintió bastante incómoda al ver que Fernando la seguía ignorando.
Rodrigo intentó pedirle su contacto a Fernando.
Sin embargo, al profesor no le hacía ninguna gracia verlo tan amiguito de Adriana, así que lo bateó amablemente:
—Considerando que ahorita estás en un laboratorio extranjero, creo que no sería ético que nos pasemos el WhatsApp.
Rodrigo recordó entonces que varios colegas habían comentado que el laboratorio de Fernando estaba manejando proyectos confidenciales para el gobierno.

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